
Cinco menos tres minutos del veinte de diciembre de 2009. El árbitro Pierpaoli señala el final de los objetivos de la Juve con el triple pitido que concluye el Juventus 1 - Catania 2. Termina así, con cinco meses de antelación la temporada decisiva para un proyecto que en verano ilusionó a una afición que ya recoge los sueños rotos que quedan en los suelos de cada casa. Se acabó. Se acabó la etapa de Ferrara al frente del primer equipo. La decisión, apoyada en su momento por todos y juzgada como la más acertada y aceptada, fue un error. No pasa nada, puede suceder, especialmente cuando el respaldo es tan abrumador. Pero eso sí, como dijo el propio Blanc en su día, la Juve ya ha gastado todos sus comodines. Ya no caben más errores. El proyecto de Ferrara se ha revelado como un fracaso absoluto. Se acabó. Aquí mismo hemos sostenido que los símbolos del club tienen que ser cuidados. Y la postura no varía. Pero la atención que merece el presente y el futuro del equipo es mayor. Por eso, la despedida de Ferrara tiene que ser inminente y comprendida por todos, antes de que los errores del entrenador se transformen en el error de una directiva que mantiene en el puesto a un trabajador que no ha sabido desempeñarlo. Tuvo la oportunidad que reclamó y merecía, pero no ha estado a la altura. Y él debe ser el primero en saberlo y aceptar su fracaso antes de comprometer más todavía la temporada de la Juve (lo poco que queda de ella; de la Juventus y de la temporada, las dos cosas).
El final de Ferrara es evidente. Se ha quedado sin apoyos y la directiva ya no tiene razones para sostener este proyecto. La afición ha lanzado huevos a los jugadores y, literalmente, ha dado la espalda a todo el equipo. Ferrara ya no se libra de los ataques de los críticos y Guus Hiddink aparece en las mentes de los aficionados como el maná que puede sacar de esta situación al equipo. Porque Ferrara, además, ha querido regalar a las televisiones y a los reporteros gráficos su acta de defunción en el minuto 32 de la primera parte. Ya por detrás en el marcador, después de que Tiago (¿alguien recuerda algún fracaso más grande en la historia reciente de la Juventus?) cometiese un penalti ridículo sobre Spolli que marcaría Martínez, el técnico napolitano no soporta más la pobreza del equipo que acababa de mandar al campo y sustituye a Salihamidzic por Felipe Melo, el jugador que él tanto quiso. La fractura entre el técnico y una parte del vestuario es evidente y los síntomas que reproduce este equipo coinciden con exactitud a los que ya vivió Ranieri tras caer eliminados contra el Chelsea en la Champions. La humillación a la que ha sido sometido Melo, que ha quedado señalado por Ferrara como el culpable de la situación ha provocado la fractura definitiva. La pérdida de confianza total en el técnico. Se acabó todo para Ferrara. La llegada de Hiddink a Turín debe ser cuestión de horas.
Porque ha quedado demostrado que Ferrara no puede levantar al equipo del interior del pozo. Porque Mihajlovic, otro entrenador novel, le ha vuelto a ganar la partida con un equipo inferior, el colista. Porque Ferrara no puede sacar el máximo provecho de las estrellas que tiene y porque, sobre todo, corremos el riesgo de entrar en un punto de no retorno si la situación se alarga. La Juve no tiene juego, no tiene ningún fundamento táctico, está psicologicamente destrozada y además ha perdido sus señas de identidad históricas. Decir que el penalti que cometió Tiago en la primera parte fue de patio de colegio sería menospreciar a tantos y tantos escolares que se divierten con el fútbol en el recreo. Fue lamentable ver a qué tenía que recurrir la Juve para intentar detener el acoso continuo del Catania. Y, más patetico aún fue que no consiguiese parar al colista. Ni con 1-0 se vio una respuesta de la Juve, además de la incorrecta de Ferrara de sustituir a Melo y mantener a Tiago en el campo (Marchisio en la posición de regista no cambió nada) . El equipo se limitó a mandar balones arriba para que Amauri intentase reciclar alguno y colgarlo al área. Pero en esta misión, como no podía ser de otra forma, la Juve tampoco tuvo éxito.
En la segunda parte, el Catania rebajó la línea de presión y la Juve tuvo más fácil sacar algo de orgullo para crear algún problema a Andújar, que a pesar de no tener su mejor tarde y hacer demasiadas paradas de casualidad y sin mirar, detuvo cada uno de los pases a la mano que le daban los jugadores de la Juve. Pero este pequeño despertar colectivo no le impidió a Martín Cáceres terminar siendo de nuevo el mejor jugador del partido. El uruguayo se ha adaptado a la perfección al lateral derecho, subiendo con potencia y centrando siempre con tino, convirtiéndose en la única nota positiva de esta media temporada. La Juve coniguió el empate con Salihamidzic, para alegría de Ferrara y para confirmar la teoría de que el fútbol no tiene teoría válida, que aprovechó un centro milimétrico de Diego trazado con compás en la única acción rescatable del brasileño. Un minuto después, Ferrara quitó (por fin) a Tiago y dio entrada a Giovinco y siguió acrecentando la misma duda: Si cuando sale es el mejor, inventa fútbol, da pases y abre el campo, no podemos entender por qué no es titular. Seguramente, no sea casualidad que desde que salió de las alineaciones iniciales y Ferrara recuperó el 4-3-1-2, la Juve haya perdido cinco de los seís últimos partidos... Es incomprensible como Sebas, después de grandes actuaciones acaba siempre (también le ocurría con Ranieri) en el olvido del banquillo, perdiendo así la Juve uno de los pocos jugadores capaces de hacer algo diferente.
Pero estaba escrito. El ambiente en el estadio y el que Ferrara había creado en el vestuario y en el terreno de juego con el cambio de Melo, nos decían desde mucho tiempo antes que la Juventus iba a terminar perdiendo el partido. Porque este equipo ha perdido potencia, la garra, la rabia y también, cómo no, la condición física necesaria para que muchos de los jugadores que tiene la plantilla funcionen. Y así, en el rechace de un remate de Legrottaglie (asistido por Cáceres), llegó a la contra el gol del Catania. Fue de Izco a pase de Plasmati, que condujo el contragolpe con maestría. Aunque eso es lo de menos. Más preocupante es el despiste (otro más) de Grosso y la impotencia de Cannavaro a la hora de cubrir los huecos. Pero si somos realistas, esto tampoco es suficientemente importante. Es un sintoma más de un equipo que languidece. De un técnico perdido que no ha conseguido encontrarse. Y de una directiva que tampoco ha sabido hacerlo. Ahora es el momento de, irremediablemente, cambiar y encontrar al más adecuado. Lo exige la historia de un equipo que tiene la obligación de luchar hasta el final. Y este final ya ha llegado. Sí, ya está. Tristemente esta historia se acabó.
Ficha del partido ▼
El final de Ferrara es evidente. Se ha quedado sin apoyos y la directiva ya no tiene razones para sostener este proyecto. La afición ha lanzado huevos a los jugadores y, literalmente, ha dado la espalda a todo el equipo. Ferrara ya no se libra de los ataques de los críticos y Guus Hiddink aparece en las mentes de los aficionados como el maná que puede sacar de esta situación al equipo. Porque Ferrara, además, ha querido regalar a las televisiones y a los reporteros gráficos su acta de defunción en el minuto 32 de la primera parte. Ya por detrás en el marcador, después de que Tiago (¿alguien recuerda algún fracaso más grande en la historia reciente de la Juventus?) cometiese un penalti ridículo sobre Spolli que marcaría Martínez, el técnico napolitano no soporta más la pobreza del equipo que acababa de mandar al campo y sustituye a Salihamidzic por Felipe Melo, el jugador que él tanto quiso. La fractura entre el técnico y una parte del vestuario es evidente y los síntomas que reproduce este equipo coinciden con exactitud a los que ya vivió Ranieri tras caer eliminados contra el Chelsea en la Champions. La humillación a la que ha sido sometido Melo, que ha quedado señalado por Ferrara como el culpable de la situación ha provocado la fractura definitiva. La pérdida de confianza total en el técnico. Se acabó todo para Ferrara. La llegada de Hiddink a Turín debe ser cuestión de horas.
Porque ha quedado demostrado que Ferrara no puede levantar al equipo del interior del pozo. Porque Mihajlovic, otro entrenador novel, le ha vuelto a ganar la partida con un equipo inferior, el colista. Porque Ferrara no puede sacar el máximo provecho de las estrellas que tiene y porque, sobre todo, corremos el riesgo de entrar en un punto de no retorno si la situación se alarga. La Juve no tiene juego, no tiene ningún fundamento táctico, está psicologicamente destrozada y además ha perdido sus señas de identidad históricas. Decir que el penalti que cometió Tiago en la primera parte fue de patio de colegio sería menospreciar a tantos y tantos escolares que se divierten con el fútbol en el recreo. Fue lamentable ver a qué tenía que recurrir la Juve para intentar detener el acoso continuo del Catania. Y, más patetico aún fue que no consiguiese parar al colista. Ni con 1-0 se vio una respuesta de la Juve, además de la incorrecta de Ferrara de sustituir a Melo y mantener a Tiago en el campo (Marchisio en la posición de regista no cambió nada) . El equipo se limitó a mandar balones arriba para que Amauri intentase reciclar alguno y colgarlo al área. Pero en esta misión, como no podía ser de otra forma, la Juve tampoco tuvo éxito.
En la segunda parte, el Catania rebajó la línea de presión y la Juve tuvo más fácil sacar algo de orgullo para crear algún problema a Andújar, que a pesar de no tener su mejor tarde y hacer demasiadas paradas de casualidad y sin mirar, detuvo cada uno de los pases a la mano que le daban los jugadores de la Juve. Pero este pequeño despertar colectivo no le impidió a Martín Cáceres terminar siendo de nuevo el mejor jugador del partido. El uruguayo se ha adaptado a la perfección al lateral derecho, subiendo con potencia y centrando siempre con tino, convirtiéndose en la única nota positiva de esta media temporada. La Juve coniguió el empate con Salihamidzic, para alegría de Ferrara y para confirmar la teoría de que el fútbol no tiene teoría válida, que aprovechó un centro milimétrico de Diego trazado con compás en la única acción rescatable del brasileño. Un minuto después, Ferrara quitó (por fin) a Tiago y dio entrada a Giovinco y siguió acrecentando la misma duda: Si cuando sale es el mejor, inventa fútbol, da pases y abre el campo, no podemos entender por qué no es titular. Seguramente, no sea casualidad que desde que salió de las alineaciones iniciales y Ferrara recuperó el 4-3-1-2, la Juve haya perdido cinco de los seís últimos partidos... Es incomprensible como Sebas, después de grandes actuaciones acaba siempre (también le ocurría con Ranieri) en el olvido del banquillo, perdiendo así la Juve uno de los pocos jugadores capaces de hacer algo diferente.
Pero estaba escrito. El ambiente en el estadio y el que Ferrara había creado en el vestuario y en el terreno de juego con el cambio de Melo, nos decían desde mucho tiempo antes que la Juventus iba a terminar perdiendo el partido. Porque este equipo ha perdido potencia, la garra, la rabia y también, cómo no, la condición física necesaria para que muchos de los jugadores que tiene la plantilla funcionen. Y así, en el rechace de un remate de Legrottaglie (asistido por Cáceres), llegó a la contra el gol del Catania. Fue de Izco a pase de Plasmati, que condujo el contragolpe con maestría. Aunque eso es lo de menos. Más preocupante es el despiste (otro más) de Grosso y la impotencia de Cannavaro a la hora de cubrir los huecos. Pero si somos realistas, esto tampoco es suficientemente importante. Es un sintoma más de un equipo que languidece. De un técnico perdido que no ha conseguido encontrarse. Y de una directiva que tampoco ha sabido hacerlo. Ahora es el momento de, irremediablemente, cambiar y encontrar al más adecuado. Lo exige la historia de un equipo que tiene la obligación de luchar hasta el final. Y este final ya ha llegado. Sí, ya está. Tristemente esta historia se acabó.
Ficha del partido ▼























