
El triangular del Trofeo TIM, además de unos amistosos entre enemigos íntimos, se ha convertido en un partido ordinario para la Juventus, jugando los segundos 45' con el Milan tras un 'descanso' de quince minutos tras perder contra el Inter, golazo de Sneijder mediante. Sí, un partido amistoso que, como tal, puede tener un valor relativo, pero del que ha salido un mensaje claro y que todo el mundo juventino ha recibido (directivos también): la Juventus es un equipo sólido (a pesar de que hoy ha encajado dos goles; uno más que en todo el resto de verano), más fuerte y determinado que la temporada pasada, pero con una evidente carencia en la fase de creación y ofensiva.
Aunque esta afirmación, la más importante exhibida tras el TIM de ayer, también es relativa: la Juve que jugó contra el Inter tiene grandes lagunas de calidad; la que jugó contra el Milan, no. ¿La diferencia? Sólo una: Diego Ribas da Cunha. Justamente el jugador protagonista de los últimos días en el fútbol hablado. Justamente el jugador, que vistas las dificultades contra el Inter, cuya salida del equipo, cuando se daba por hecha, fue negada por Marotta. "No se dan las condiciones para que se vaya", afirmó. Y no sabemos qué hubiese dicho si después del partidillo contra el Milan le hubiesen vuelto a preguntar. "Diego no está en venta, quizá". Porque en el primer partido, con Trezeguet y Del Piero y sin Diego y Amauri, vimos un Inter más brillante, conjuntado y armónico que la Juventus, a pesar de la teórica superioridad de la Juventus en la preparación. Vimos una Juve con Melo, muy activo en defensa, pero poco efectivo en la creación y con un Sissoko idem en ataque y menos ordenado tácticamente, si bien fue suya la ocasión más clara para empatar el golazo desde fuera del área que Sneijder le hizo a Manninger (25') con un disparo, diez minutos después, que rebotó dentro del área en la mano de Cambiasso.
Sin embargo, contra el Milan, vestida con la camiseta de Italia, con Diego, Amauri y Marchisio y ovacionada por la mayoría del San Nicola de Bari, Diego invitó a todos sus compañeros a su show particular de magia, prestidigitación y reivindicación. Ironías de la vida, su padre, que se encontraba en Alemania negociando con el Wolfsburgo, se habrá perdido las maravillas de su hijo: un golazo, un disparo que se chocó contra el milagro de Amelia, una rabona y mucho más. ¿Y todo esto para qué? Para no arrancar más que un empate contra un Milan que juega al trote elefántico de Ronaldinho y que es un pez fuera del agua sin el balón. La conclusión es clara: la Juventus tiene que conseguir todavía cuatro fichajes (un central, un lateral zurdo para evitar que De Ceglie, como ha hecho desde el final del partido contra el Al Nassr juegue todos los minutos, un 'regista' y un volante zurdo), pero no para ello debe prescindir del jugador que le ha aportado lo más positivo de la noche y, seguramente, de todo el verano.
En ese capítulo quizá Diego compite con Amauri, voluntarioso, luchador, aguerrido, incansable y tremendamente peligro y Marco Motta, cuyos centros pueden suponer una vía de escape autorizada durante la temporada. Pero, sinceramente, ¿qué es lo que no le puede gustar a Del Neri de un segunda punta que baja a recibir balones hasta el centro de la defensa y hacer jugar al resto de sus compañeros, dándole al equipo una salida además de la de los balones largos a los volantes? Porque él, junto a Lanzafame, resolvió el problema en el que se había metido la defensa, que sufre sin Legrottaglie, dejando recibir a Ronaldinho, que batió a Storari en el 21' con un gol al segundo palo imposible de parar para Storari. Como los que hacía cuando era bueno. Fue Diego el que, con una combinación con Lanza, otro grande, dejó a Amelia sin respuesta, afinando con bisturí un disparo al primer toque y dejando una duda en el aire: ¿cuáles son las condiciones que se tienen que dar para que la Juventus pueda darse el lujo de vender a Diego?
Aunque esta afirmación, la más importante exhibida tras el TIM de ayer, también es relativa: la Juve que jugó contra el Inter tiene grandes lagunas de calidad; la que jugó contra el Milan, no. ¿La diferencia? Sólo una: Diego Ribas da Cunha. Justamente el jugador protagonista de los últimos días en el fútbol hablado. Justamente el jugador, que vistas las dificultades contra el Inter, cuya salida del equipo, cuando se daba por hecha, fue negada por Marotta. "No se dan las condiciones para que se vaya", afirmó. Y no sabemos qué hubiese dicho si después del partidillo contra el Milan le hubiesen vuelto a preguntar. "Diego no está en venta, quizá". Porque en el primer partido, con Trezeguet y Del Piero y sin Diego y Amauri, vimos un Inter más brillante, conjuntado y armónico que la Juventus, a pesar de la teórica superioridad de la Juventus en la preparación. Vimos una Juve con Melo, muy activo en defensa, pero poco efectivo en la creación y con un Sissoko idem en ataque y menos ordenado tácticamente, si bien fue suya la ocasión más clara para empatar el golazo desde fuera del área que Sneijder le hizo a Manninger (25') con un disparo, diez minutos después, que rebotó dentro del área en la mano de Cambiasso.
Sin embargo, contra el Milan, vestida con la camiseta de Italia, con Diego, Amauri y Marchisio y ovacionada por la mayoría del San Nicola de Bari, Diego invitó a todos sus compañeros a su show particular de magia, prestidigitación y reivindicación. Ironías de la vida, su padre, que se encontraba en Alemania negociando con el Wolfsburgo, se habrá perdido las maravillas de su hijo: un golazo, un disparo que se chocó contra el milagro de Amelia, una rabona y mucho más. ¿Y todo esto para qué? Para no arrancar más que un empate contra un Milan que juega al trote elefántico de Ronaldinho y que es un pez fuera del agua sin el balón. La conclusión es clara: la Juventus tiene que conseguir todavía cuatro fichajes (un central, un lateral zurdo para evitar que De Ceglie, como ha hecho desde el final del partido contra el Al Nassr juegue todos los minutos, un 'regista' y un volante zurdo), pero no para ello debe prescindir del jugador que le ha aportado lo más positivo de la noche y, seguramente, de todo el verano.
En ese capítulo quizá Diego compite con Amauri, voluntarioso, luchador, aguerrido, incansable y tremendamente peligro y Marco Motta, cuyos centros pueden suponer una vía de escape autorizada durante la temporada. Pero, sinceramente, ¿qué es lo que no le puede gustar a Del Neri de un segunda punta que baja a recibir balones hasta el centro de la defensa y hacer jugar al resto de sus compañeros, dándole al equipo una salida además de la de los balones largos a los volantes? Porque él, junto a Lanzafame, resolvió el problema en el que se había metido la defensa, que sufre sin Legrottaglie, dejando recibir a Ronaldinho, que batió a Storari en el 21' con un gol al segundo palo imposible de parar para Storari. Como los que hacía cuando era bueno. Fue Diego el que, con una combinación con Lanza, otro grande, dejó a Amelia sin respuesta, afinando con bisturí un disparo al primer toque y dejando una duda en el aire: ¿cuáles son las condiciones que se tienen que dar para que la Juventus pueda darse el lujo de vender a Diego?









