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lunes, 22 de febrero de 2010

El vaso medio lleno


Si bien con Zaccheroni el buen juego no ha vuelto, sí lo ha hecho el cuarto puesto, acompañado de victorias. La de ayer fue la tercera consecutiva, algo que no ocurría desde noviembre. Sin embargo, los problemas siguen ahí, al equipo le cuesta encontrar la combinación y en defensa sufre demasiado porque defiende particularmente mal. Lo que ha conseguido Zaccheroni es que el equipo afronte esos problemas que sufre con otra mentalidad. La Juventus ha vuelto a saber sufrir, es un equipo compacto, que ha recuperado la ‘zorrería’ italiana y que, además, ha encontrado el apoyo de la suerte. Ayer, en la primera parte, la Juve jugó como un equipo, con las líneas juntas y presionando arriba. La segunda parte fue una historia muy distinta, pero las señales que nos dejó el primer tiempo son tremendamente positivas. Es el momento de ver el vaso que antes estaba seco con el agua por la mitad y, al elegir cómo verlo, decir que está medio lleno.

Y con este grupo reagrupado, hemos visto que es más fácil la emersión del talento. Diego está, poco a poco dando señales del jugador del Bremen, Candreva ayer marcó y Del Piero vuelve a ser el capitán interminable que hace que el equipo funcione. En el Dall’ Ara marcó Diego en el minuto 20 y, recién entrado sustituyendo al brasileño, Candreva. Asistido, cómo no, por Alex, que estuvo sensacional teniendo el balón, recuperándolo, no perdiéndolo nunca y haciendo, con su luz particular, jugar a todo el equipo. Era el 20’ de la segunda parte cuando Del Piero vio como Candreva entraba solo en el área para meterle un preciso y precioso pase con la derecha. Era de nuevo la ventaja para la Juventus en el mejor momento del Bologna, que había conseguido empatar en el seis de la reanudación y acababa de fallar la mejor ocasión del partido dejando a Giménez solo ante Buffon.

El Bologna pasaba de rozar el 2-1 a perder las ilusiones contra una Juve castigadora. El diccionario de la RAE define ‘cinismo’ como ‘desvergüenza’. Y eso es lo que ha ganado esta Juventus y que en Italia tanto se valora. Con el 2-1 se quitó al Bologna de un plumazo, con dos acciones aisladas. Porque también lo fue el primer gol, en el que Diego aprovechó un error en la cobertura de Moras para disparar a puerta y aprovechar el segundo rechace (el primero lo hizo Amauri) para poner a la Juve por delante en el minuto cuatro.

El partido no tuvo nada más que contar, pero sí algo que destacar: el problema de la Juventus es la defensa: da igual de tres, de cuatro o de cinco. Cierto que la ayuda del gran Felipe Melo, que puede disuadir a cualquiera que intente enfilar el área está siendo clave, pero siguen los problemas en las bandas, con los balones cruzados y con las entradas desde ahí: pasaba antes con Grosso y pasa también con De Ceglie, más entonado, y por la derecha si no está Cáceres. Así fue como el Bologna llegó al gol con Buscè. La respuesta de Zaccheroni dejó a casi todos (o a todos) con la boca abierta: para ganar, sacó del campo a Marchisio y Diego y metió a Sissoko y Candreva. Parecía que quería transmitir, con chulería, que sabe más que nadie. Le salió bien. Eso, unido al fallo de Giménez que hace un mes hubiese sido gol y el travesaño que golpeó Adailton son la muestra de que la suerte está cambiando. Pero decir sólo eso sería muy injusto. Fuese suerte, casualidad o intuición de Zaccheroni al realizar los cambios, son decisiones que tomó el entrenador de la Juventus. Y con éxito.

Ficha del partido ▼

lunes, 28 de septiembre de 2009

El Bayern empató en el descuento


Juventus - Bologna, 1-1
Juventus (4-3-1-2): Buffon; Zebina (23' st Cáceres), Legrottaglie, Chiellini, Molinaro; Camoranesi, Felipe Melo, Marchisio; Diego (15' st Giovinco); Amauri (40' st Del Piero), Trezeguet. A disposición: Manninger, De Ceglie, Poulsen, Iaquinta. Entrenador: Ferrara.
Bologna (4-4-2): Viviano; Raggi, Portanova, Britos, Lanna; Vigiani (17' st Osvaldo), Mingazzini, Guana, Valiani (11' st G. Tedesco); Di Vaio (23' st Adailton), Zalayeta. A disposición: Colombo, Santos, Zenoni, Mudingayi. Entrenador: Papadopoulo.
Árbitro: Russo. Amonestó a Viviano y Raggi.
Goles: 25' pt Trezeguet, 49' st Adailton.

Cómo cambia una misma circunstancia en sólo tres días. El jueves, la Juve conseguía un empate en Génova y se llevaba una enorme desilusión cargada de rabia por no haber conseguido una victoria merecida y por el gol mal anulado a Iaquinta. Ayer, tras el empate contra el Bologna, la desilusión es la misma, pero con otras bases muy distintas: por el empate de Adailton en el último suspiro de partido y porque perfectamente el 1 a 1 podría haber llegado mucho antes, porque desde el gol de Trezeguet a la media hora de juego, la Juve reservó y renunció al partido. Con exceso de seguridad por una parte y quizá temor por la otra: el nivel bajo de la Juve, además de por la entrada de diversos jugadores que estaban lesionados y de otros no acostumbrados a jugar, se puede explicar con el partido contra el Bayern del miércoles. Ferrara está excesivamente preocupado antes de su primer choque trascendental en el banquillo y puso en riesgo, evidente, tres puntos de Serie A que podrían resultar decisivos al final de un campeonato que parece muy igualado. El Bayern, que en otro partido lamentable, perdió el sábado contra el Hamburgo, permitió al Bologna empatar un encuentro que hubiese perdido si la Juve hubiese jugado como la Juve y no planeando el partido del miércoles.

Como decíamos, la titularidad de algunos poco acostumbrados a jugar, como el caso de Molinaro y la reentré de varios lesionados (Zebina, Felipe Melo y Diego) desnaturalizaron en cierta manera a la Juve, que no encontró el dinamismo ni la seguridad que le habían llevado hasta el primer puesto de la clasificación. En las primeras cuatro jornadas, el equipo de Ferrara encajó sólo un gol, convirtiéndose en el menos goleado; en las dos últimas ha encajado tres. Problema de físico, seguramente, pero también de concentración, porque parece impensable que con ventaja en el marcador el Bologna encontrase desprotegida la puerta de Buffon, con Chiellini y Legrottaglie pensando en a saber qué. En el centro, Marchisio, al que se le notó muy cansado, no fue el propulsor que había encontrado Ferrara y la línea de tres se quedó en un mero filtro con algunos agujeros que dejaron pasar más juego del conveniente. Sólo Camoranesi, que a punto de cumplir los 33 quiere recuperar el papel de protagonista en la Juve, ofreció alguna colaboración a Diego. O a los restos de Diego. Porque con un equipo que no encontró la emulsión del juego en ningún momento, el brasileño estuvo perdido y sus pocas gotas de fantasía se perdieron en medio de la difusión del equipo.

Esperando a que Amauri se reencuentre con el gol (y también con la manera de marcarlo, porque lleva dos partidos preso por la ansiedad) después de ocho meses, los balones del equipo buscaron a Trezeguet y los que Diego intentó jugar con su compatriota no encontraron respuesta. Trezeguet sí parece estar en forma y querer revertir su situación y con los tres goles en este inicio de temporada no es descartable un cambio de papeles entre él y el propio Amauri. Aunque ayer también el equipo pagó la tibieza defensiva del francés, que no ayudó lo suficiente en el momento no del equipo. Aunque, por otra parte, puede que Ferrara también haya rescatado al killer de área que necesita media ocasión para hacer un gol. Ayer falló dos medios y marcó uno: una buena marca para alguien que está en tratamiento. Fue a pase de Zebina, el mejor del partido: una incursión en el área del lateral, después de una bonita acción personal, terminó con el balón en los pies de Trezeguet, que, a su manera, consiguió el gol.

Prácticamente ahí terminó el empeño de la Juve. Ferrara reservó la calidad de Diego para el Bayern y con Giovinco, que intentó dar algo más de velocidad, desapareció cualquier enlace entre el ataque y la defensa. La única ocasión de gol para la Juve fue un cabezazo al palo de Camoranesi a centro de Giovinco. Y fue a cuatro minutos del final. Mientras, Papadopoulo había introducido un tercer delantero para forzar más aún a un debilísimo Molinaro y Di Vaio se plantó dos veces sólo frente a Buffon en sólo dos minutos. En el minuto 65, Di Vaio encontraba incluso la displicencia de Buffon, que se dejó el traje de Superman en casa; pero fue Chiellini el que de cabeza despejó en la línea. Era el tercer aviso serio del Bologna porque antes, en el 46', a balón parado, Chiellini introdujo el balón en su portería, aunque la acción estaba anulada por fuera de juego. Finalmente, la Juve volvió a quemarse después de intentar controlar el fuego como hiciese tan a menudo con Ranieri, y llegó el gol de Adailton en el cuarto minuto del añadido: muy parecido al del Bordeux, dejando al brasileño, que había sustituido a Di Vaio, absolutamente solo en el área. Fue, ese error, la demostración de que la Juve no es sólo Diego ni debe serlo. La defensa, que seguramente echa en falta a Cannavaro, debe recuperar la solidez y Ferrara debe dotar al equipo del equilibrio táctico y mental necesarios. Cada partido cuenta y es importante. Y la Juve no puede conformarse con la habilidad de Diego, la potencia de Iaquinta, ni ahora con los goles de Trezeguet.

domingo, 15 de marzo de 2009

Respuesta de campeones


45 minutos tardó la Juve en quitarse de encima los fantasmas de la eliminación europea, la frustración por la continuación de las lesiones (ayer eran doce y hay que sumarle la de Chiellini) y el nerviosismo más o menos latente que el enfrentamiento entre Ranieri y Trezeguet ha podido diseminar en el ambiente. 45 minutos en los que el Bologna aprovechó el desconcierto, la falta de ritmo, la tristeza de la Juventus. Hasta que Giovinco decidió que esa debía ser su noche, se echó el equipo a las espaldas y rompió todos los esquemas tácticos. Gracias a él y al orgullo poco glamuroso de gente como Salihamidzic, la Juve pudo remontar el partido y, sobre todo, ver el partido de esta noche entre Inter y Fiorentina, con esperanza y con la ilusión de quien en un momento complicado no ha renunciado a la remontada. No obstante la repetición continuada de varios problemas (especialmente físicos). Porque por momentos parecía que la pesadilla no iba a terminar, como si los fantasmas no dejasen de perseguir a una Juventus diezmada por las lesiones y (por si no fuese suficiente) luchas internas. Así, si hace apenas cinco días era Drogba el encargado de destruir el sueño europeo, ayer era Mutarelli el que intentaba destruir las esperanzas de la remontada liguera. Mutarelli, que si este año había aparecido en los medios era por la lucha que mantenía para poder desvincularse de la Lazio que por sus méritos deportivos. El problema era que para agredir a esta Juve bastaba con él: un modesto centrocampista defensivo de un Bologna bien organizado en la primera parte.

Porque el gol que les dio la ventaja no fue en una jugada aislada con alguna invención individual, sino que fue fruto de una estrategia escrupulosamente trabajada por Mihajlovic. El técnico del Bologna salio Di Vaio aparentemente aislado arriba, pero con la misión de moverse constantemente para abrir espacios en la defensa que permitiesen la incursión en el área de sus volantes. Unos volantes que tenían la misión clara de chutar y marcar por lo 'inusual' de su colocación: Valiani, diestro, colocado en la izquierda, Bombardini, zurdo puro, en la derecha. Una señal de que los centros no importaban tanto como los disparos que estos pudiesen hacer cuando el balón les cayese a su pierna buena. Además, un centro del campo super poblado dejó siempre en inferioridad numérica a la Juve, que con Tiago dando su cara 'b' en esa imprevisibilidad constante en que nos hace vivir, no pudo frenar los ataques del Bologna en ninguna de las dos líneas de contención, dejando entrever que, como finalmente pasó, los espacios abiertos iban a acabar con el gol visitante, como pasó con el de Mutarelli.

Hacía falta algo, o alguien, que sacase a la Juve de las tinieblas de la derrota, además del valle de juego ocasionado por un centro del campo demasiado lento y previsible. Y ahí apareció Giovinco para revolucionar a una Juve que se encomendaba al orgullo, esteril, de Del Piero. En los minutos finales de la primera mitad se quitó todas las vergüenzas para completar su redención en esta Juve y dar un mensaje claro: la diferencias en el fútbol se marcan con la calidad, y cuando la hay, el físico puede pasar a un segundo plano y se puede jugar sin tanto sufrimiento y lamentos. Como decíamos, antes del descanso, nos ofreció el prólogo de lo que iba a ser la segunda parte con un disparo que se estrelló en el larguero, otro cuyo rechace no pudo aprovechar Tiago y después un centro magnífico que no remató correctamente Del Piero. Pero todo cambió con el descanso, con el exámen de conciencia en el vestuario. Ranieri avisó a Tiago ante su posible acomodamiento en una decisión (la de meter a Poulsen) que sirvió principalmente para dar más libertad a Giovinco, que se despegó de la banda izquierda. Y justamente él influyó de manera directa en los dos primeros goles que confirmaban la remontada: primero con un corner que remató a la perfección Salihamidzic (minuto 48) y después con un remate en semifallo a un centro de Iaquinta que se convirtió en un golazo por lo que significaba en el partido y lo que puede ser para la historia. Después lo intentó Di Vaio con un remate de cabeza, pero Buffon, con una intervención de las de mejor portero del mundo, y Del Piero, que marcó dos goles después (espectacular el primero de ellos: control, finta, dribling y tiro), para recalcar la calidad necesaria y reconfirmarse en su posición después de las críticas recibidas, le dieron el justo castigo a Mihajlovic, que cambió y desconcertó a su equipo en el descanso. El grito de Del Piero en el primer gol era de liberación, la suya personal y la de la Juventus en general. Era el símbolo de que unidos es como se gana. Y ayer la Juve lo demostró: calidad y unidad son las claves. Así es como se gana. Lo demás, las peleas, y los insultos y descalificaciones de otros, no nos interesan. Ahora hay que ver cómo responde el Inter a su enésima eliminación en los octavos de la Champions. La Juve ya lo hizo. Y como un equipo campeón.

jueves, 30 de octubre de 2008

Atentos, la Juve ha vuelto


Algo ha cambiado en la Juventus, el juego del equipo es mejor y lo peor parece ya superado. Aún existen las dudas, pero la tercera victoria en una semana (Real Madrid, Torino y Bologna), permite a la Juventus situarse en una posición más acorde con los objetivos del verano y nos da motivos para desarrollar razonamientos algo más optimistas (más allá de las noticias que llegan desde los despachos). Poco importa que las victorias en Serie A se hayan conseguido contra equipos en un profundo periodo de crisis, pues se trata de una compensación por el número indiscriminado de lesionados que tiene Claudio Ranieri. La realidad es que ayer el Bologna no tuvo tiempo de saber si sobre el estadio arreciaba la tormenta o era una nube pasajera, y fue borrada del campo por la nueva Juve, ayer capitaneada (en todos los sentidos) por Pavel Nedved, autor de casi dos goles (porque el segundo se lo tendríamos que dar a Antoniolli y su calamidad de 'parada' que desvió el balón hacia la red). Una genial noticia, más allá de la victoria, es que Nedved se ha convertido en protagonista en estas tres últimas victorias. Impresionante el cambio que ha dado en sus prestaciones; quizá la situación era tan peliaguda que se ha autoconvencido de que era el momento para despertarse y volver a ser la 'Furia checa'.

Decir que este 'renacimiento' de la Juventus es fruto del carácter y el orgullo de los jugadores, no tiene que signficar restarle méritos a Ranieri, que está haciendo movimientos mucho más acertados desde el banquillo. Contra el Bologna sorprendió con la titularidad de Tiago, pero se le complicó la vida con el cambio de Giovinco por Amauri y la lesión de Sissoko. El peso del equipo sobre el césped cayó derrumbado y los locales levantaron la cabeza buscando el empate y consiguiendo el 1-2 con un gol de Di Vaio. En Bologna se quejaron después de un medio penalti que Trefoloni no pitó de Mellberg a Marazzina por un leve contacto dentro del área. Pero esto no es el motivo de la victoria. La Juventus jugó un gran partido, y hay que reconocer los méritos del equipo, como cuando reconocíamos todos los errores hace dos semanas. Después está coincidencia que nos ha ayudado a enfrentarnos con dos de lo equipos más débiles del campeonato (y el sábado contra la Roma en crisis total de juego y resultados) y nos ha permitido escalar posiciones en la tabla. El sábado pasado, el Torino no tiró ni una vez a puerta; ayer, el Bologna le regaló el centro del campo a la Juventus y 12 minutos después del pitido inicial ya iba perdiendo merced a un gran gol de Nedved, que mostró lo mejor de su repertorio: robo, dribling, potencia y disparo. Culpable la defensa bolognesa, que sólo miró lo que hacía Nedved sin intentar impedirlo. Pero ahora nos preguntamos dónda está el secreto de Nedved, que sigue haciendo jugadas y jugadas que nadie podría hacer con su edad (36 años). Y nos preguntamos, algo molestos, por qué hasta el partido contra el Nápoles, Nedved no fue ese jugador determinante que teníamos y muchos creían haber perdido. La única respuesta lógica está en el abrazo en que se fundió con Camoranesi y Ranieri para celebrar los goles y después del partido: la prueba de que el equipo se ha unido en el momento más difícil en torno a la figura del entrenador.

El triunfo de ayer lo podemos denominar también como producto de la emergencia. Para no cargar de una presión seguramente excesiva al joven Ekdal, Ranieri decidió acortar los plazos en la recuperación de Tiago. El portugués se situó en el centro junto a Sissoko y cumplió con el cometido, aunque sin excesos. Ayudado quizá por la debilidad de Mingazzini y Mudingayi, que nunca encontraron la ayudad de Zenoni y Bombardini. La única oportunidad para el Bologna en la primera parte fue una contra que finalizó Di Vaio y que despejó Knezevic: una casualidad. La incapacidad del Bologna para hacer circular el balón es algo que inflama hasta el más tranquilo de sus aficionados y es una explicación más que coherente de su penúltimo puesto en la tabla. Así, sin Grygera y Legrottaglie, y con Mellberg en la derecha y Knezevic al lado de Chiellini, la defensa de la Juve disfrutó de una noche de tranquilidad relativa. Como relativamente tranquilos estuvieron los delanteros, Iaquinta y Amauri, que no tuvieron mucho que hacer, fruto del contagio de la indolencia local. A pesar de todo, Amauri estrelló un balón al palo que después no supo rematar Marchionni cuando le cayó al pié, franco para marcar. Después fue Nedved el que redondeó su gran resurgir con el segundo gol que hizo inútil el de Di Vaio y el intento de empate emiliano.

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