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Mostrando entradas con la etiqueta BATE. Mostrar todas las entradas
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jueves, 11 de diciembre de 2008

Poco fútbol, pero primeros


En un día con temperaturas bajo cero, las emociones que nos dejó el partido estuvieron cerca del neutro y los goles lo clavaron: el partido de ayer fue fiel a las preddiciones de la previa y lo mejor que tuvo fue que pudo terminar. El partido de la ida en Minsk fue muy distinto, con un guión que sorprendió a todos, aunque no fue del gusto de nadie. Allí la Juve se dejó arrollar por un equipo al que le dejó el camino libro medio partido y a la afición el síntimo inequívico de lo que se venía encima y después se ha superado con cierta solvencia. Dos meses después, la Juve no gustó (queremos pensar) porque se tomó el partido como un entrenamiento, sin ninguna intensidad, y reservando esfuerzos para combatir el domingo contra el Milan. Y el BATE volvió a ser el equipo honesto, voluntarioso, pero nada más. En febrero la historia será bien distinta; porque sea quien sea el equipo con quien nos obsequie el bombo del día 19 (Chelsea, Sporting, Atlético, Villarreal, Lyon y Arsenal son los candidatos), Ranieri tendrá motivos para preocuparse.

Ayer, sin embargo, lo que le preocupaba era como enfrentarse a Ronaldinho, Kaká y compañía, como demuestra el once que saltó al frío campo (por temperatura y ánimo). Fuera de los titulares Del Piero, Giovinco en el 'once' por segunda vez consecutiva y espacio para Zanetti, después de cuatro meses lesionado, que jugaba su primer partido oficial de la temporada. Jugó bajo de revoluciones, obviamente, pero dejó ya alguna señal de seguridad y de jerarquía; de necesidad dentro de una línea del centro del campo con la misión principal de proteger y que Ranieri sabrá aprovechar. Estos dos fueron los dos principales atractivos de un partido soso: el regreso de Zanetti y la incertidumbre que siempre deja Giovinco, con la imposibilidad de predecir qué pasará cuando él tenga el balón. Fue él quien más intentó reavivar un partido que ya empezó muerto, con cambios de ritmo y jugadas por velocidad continuas, haciendo una vez más el papel de Del Piero. En Lecce le salió a las mil maravillas, ayer menos, porque los dos tiros libres de los que dispuso no encontraron la portería del BATE. Algo sin demasiado importancia, sin embargo si es más importante (que no grave a la vista del resultado final) e inesperado el fallo que el 'vice Del Piero' tuvo desde los once metros a los ocho minutos de la segunda parte: el colegiado Kapitanis vio unas manos clarísimas con las que el defensor Likhtarovich intentó impedir el cabezazo de Mellberg y pitó un penalti de patio de colegio, pero innegable. Se esperaba que sobre el punto de la pena máxima posase el balón Amauri, pero apareció Giovinco para disparar (alto).

Antes, la Juve ya había rozado el gol con un remate de Marchionni a centro de Amauri que se estrelló contra el palo derecho de Veremko. Aunque tenemos que reconocer que una de las mejores jugadas del partido corrió a cargo del BATE, con una preciosa maniobra de Bliznyuk que consiguió repeler la presión de Zanetti y disparar a Manninger que se aliviaba al ver como el balón pasaba a escasos centímetros de su escuadra. Hubiese sido uno de los goles de la competición y para la Juve hubiese significado la perdida de un liderato labrado, entre otras cosas, gracias a la noche mágica del Bernabéu. A la prueba de los bielorusos le siguió otra bella jugada de Del Piero, en colaboración con Marchionni y con taconazo incluido, cuya conclusión de cabeza no llegó a puerta por una parada sorprendente del meta visitante. Sin nada más, llegamos al final: Juve lider de grupo y el BATE que se iba invatido de uno de los campos más prestigiosos y difíciles de Europa. Era el turno ya de las celebraciones: la Juve ha sido primera en un grupo muy complicado. Vuelve ya por derecho propio a ser uno de los llamados 'cocos', uno de esos rivales a evitar para muchos. La Juventus volverá a escribir una historia que ya ha contribuido ha escribir con grandes éxitos y sonados sinsabores. Por eso nosotros también tenemos rivales a evitar.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Seba y Vincenzo nos dignifican


La Juve no fue a Bielorusia para empatar. Una diferencia futbolística obvia y la posibilidad de aprovechar el segundo tropiezo del Zenit y dejar a los rusos a seis puntos imponían la victoria. Por no hablar de la necesidad de retocarse el maquillaje después de dos partidos en las que no sólo se mostró incapaz de ganar, si no como un equipo pequeño, pobre, sin recursos. Pero con el pitido final de mister Atkinsson la Juve recogió un punto gustosa. Útil, cómo no, para intentar pasar a los octavos de final, y más importante aún para evitar que empiecen a surgir pensamientos y polémicas peligrosas. No basta, sin embargo, para disipar las múltiples y justificadas dudas surgidas en las dos últimas dos semanas. El equipo de Ranieri volvió a jugar un partido nefasto, con el peor arranque de su etapa como entrenador de la Juventus, y necesitó la aportación 'extraordinaria' (en el sentido de que los dos hicieron un gran partido, y sin embargo juegan menos de lo que merecen) de Sebastian Giovinco y Vincenzo Iaquinta.

El primer tiempo de la Juve fue la personificación del terror, si bien el guión que llevaban escrito preveía un final feliz para la película. Sólo con ver el saque inicial y el ritmo frenético con el que quería jugar el BATE, al que la Juve no supo oponer resistencia en ningún momento salvo haciendo entradas semi-salvajes cuando ya era irremediable, se sabía que el partido iba a sorprender. Las sensaciones no eran buenas y la confianza se desvanecía. El saber por cuantos goles iba a ganar la Juve se transformo en una incógnita sobre cuantos iba a ser capaz de anotar. Las primeras de esas entradas que nos hicieron temer aún más por la nómina de bajas contra el Madrid que por el propio marcador de Minsk, fueron de Camoranesi, al que Ranieri le dio el puesto de Marchisio, promocionando a Giovinco a la titularidad en la banda derecha. La intención de Ranieri de solucionar el problema de los goles, que ya se estaba convirtiendo en algo crónico, y mejorar el juego parecía evidente, pero la solución no fue acertada y sí peligrosa.

En los primeros minutos, el BATE anuló con irrisoria facilidad el centro del campo bianconero, jugando con el mismo impetú para la inteligencia de la afición con Radinov y los tres mediapuntas que tenía por detrás. Destacable el trabajo de Volodko, centrocampista desconocido pero de buen gesto técnico. Sus pases largos, simples pero efectivos, complicaron demasiado la vida a la línea defensiva, hasta que en el 17', ayudado por el aturdimiento de Legrottaglie (que había pedido el cambio, aunque sin echarse al suelo, como le pidió Ranieri después del partido), consiguió perforarla, poniendo un pase perfecto a Kryvets, que dribló a Manninger y evitó la entrada tardía de Chiellini para poner el sorprendente 1-0 en el luminoso. Quizá era el premio para el que estaba jugando el partido con ilusión, viéndolo como una ocasión histórica y que, posiblemente, después de recibir al Real Madrid, no volverá a repetirse. Y el castigo para la Juve, que parecía menospreciar al rival y al partido. Hasta encontrarse en un gran problema, tremendo. Porque en el 23', el Borisov consiguió el 2-0 con un cabezazo de Stasevich, que pudo saltar cómodo ante la mala defensa de Nedved. Parecía el principio del fin. El ridículo era histórico y la sensación era de una hemorragia tan grande que podía convertirse en el mayor de la historia. Pero el último en llegar (en cuando a tiempo se refiere, nada que ver con la importancia) pudo reconducir la situación, centrando su posición, quitándose las ataduras tácticas que no son para él y creando una magnífica y sorprendente sociedad con Iaquinta. Así, en el 29' llegó el primero de Iaquinta, rematando de cabeza un centro desde la derecha de Giovinco y en el 48' (otra vez Iaquinta y Giovinco), el 2-2 postrero.

En la reanudación, Ranieri dio por buenas las emociones vividas en la primera parte y metió a Marchisio en el puesto (que no era el suyo) de Camoranesi, dándole al equipo el equilibrio que no tenía, aunque continuaba en serio peligro, pero en esta ocasión también lo creaba. La Juve mejoró en la segunda mitad, con Sissoko y Del Piero más centrados. Pero eso no fue suficiente. Y es muy grave, teniendo en cuenta la calidad del rival que había enfrente. El problema, que durante un tiempo vimos como virtud, como seña de identidad, parece haber superado al equipo, que en cuanto hecha en falta la calidad de Camoranesi, naufraga, también porque no encuentra en la otra parte, en Nedved, el crack que iluminaba el juego antaño. Por eso Giovinco no es un lujo, sino una necesidad. Ya vale de tratados filosóficos y de batallitas de otras épocas. De Ranieri queremos una idea de juego, algo que ahora no hay. Aunque de momento vivimos así. Ayer, con un disparo de Del Piero y otro de Chiellini la Juve estuvo a punto de ganar. Un castigo que, ni mucho menos hubiese merecido el BATE. Y el Madrid ganó en San Peterburgo. Como los equipos grandes.

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