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sábado, 7 de agosto de 2010

Prandelli pasa página


Ya existe una nueva Italia. La nueva Italia de Cesare Prandelli, abismalmente distinta a la vieja Italia de Marcello Lippi. Una nueva Italia que tiene el difícil deber de emerger de las profundidades de la miseria en que la metió la vieja Italia. Una nueva Italia por la que la gente quiere dejarse conquistar, que quieren amar como amaron a la vieja Italia hace cuatro años que parecen cuatro siglos.

Y, quién sabe, pero a juzgar por la convocatoria debut de Prandelli, parece que el camino podría ser más fácil que difícil. Al menos más llevaderp de lo que lo fue tras la Eurocopa de 2008. Porque Prandelli ni se entrega ni se acoge al poder unitario de un grupo para ganar; sino que apuesta por la calidad, por otro tipo de juego, menos dependiente, que puede hacer más recto y menos pedregoso el camino hacia cada victoria.

Sí, sólo hablamos de una convocatoria para un partido amistoso en agosto, pero los cambios que se podían imaginar han sido superados por la realidad de una convocatoria de Prandelli que sólo conserva nueve jugadores participantes en Sudáfrica y uno sólo de los llamados 'héroes de Berlín', De Rossi. El cambio es total, sin ningún sentimentalismo. Pirlo y Buffon están lesionados, pero de Italia desaparecen Cannavaro, Zambrotta, Gattuso, Di Natale e incluso Gilardino, una de las referencias de Prandelli en la Fiorentina. El mensaje es claro: prima la calidad, pero juega quien lo merece. A Gilardino ahora no lo vamos a descubrir, pero no está en su mejor momento de forma y eso es suficiente para dejarlo fuera de una Italia ganadora.

Una Italia ganadora que quiere nacer a partir del talento. El de Cassano, Rossi y también el de Balotelli; los grandes olvidados de Lippi en Sudáfrica (y antes de llegar allí). Ellos, aclamados y reclamados por la mayoría de Italia, son, o pueden ser, las nuevas Torres de Hércules de la Nazionale. Prandelli ha confiado en ellos, en su madurez y ahora Cassano y Balotelli tendrán que dar un pase adelante y demostrar que merecían estar en el Mundial. Seguramente poco hubiese cambiado en Sudáfrica. Quizá hubiesen llegado a octavos, pero sería reductivo decir que esa hubiese sido la solución de un país en cuya liga sólo un 8% de los jugadores son canteranos.

El cambio más significativo de Prandelli ha sido, desde luego, en defensa, donde sólo dos mundialistas siguen (Bonucci y Chiellini). Lucchini, Astori, Antonini, Motta y Molinaro (al final le ha ganado la carrera a De Ceglie) podrán debutar contra Costa de Marfil el próximo día 11. Aunque hay una particularidad en esta nueva Italia que no cambia: avanti con il blocco Juve. En este caso son seis los jugadores de la Juve con Italia: Bonucci y Chiellini serán también los guardianes de la azzurra y además están Motta (gran satisfacción para Marotta), Pepe, Marchisio y Amauri. La gran pretemporada del ya no italobrasileño, si no italiano, con todas las letras, de Carapicuíba, le ha dado por fin, el sitio en esta nueva Italia. Una nueva Italia de calidad. Una nueva Italia con el sabor de la Juventus. Y una nueva Italia que tiene un mes para que todos (entrenador sobre todo, pero no sólo) aclaren sus ideas. Porque esta Italia es nueva. Es distinta. Apuesta por la calidad. Y tiene delanteros italianos nacidos en Ghana y en Brasil. Esto es el futuro. Y pinta bien.

sábado, 3 de julio de 2010

La incapacidad manifiesta de la Figc


Lejos de dimitir en conjunto tras el ridículo italiano en Sudáfrica, reconociendo errores y defendiendo la escasa dignidad y credibilidad que la Figc puede conservar todavía, el consejo federal ha adoptado la segunda medida más tonta del ejercicio futbolístico después de la famosísima e inutilísima norma anti-blasfemia: desde el día 1 de julio, los clubes italianos sólo pueden contratar un extracomunitario por temporada y no dos, como hasta anteayer. Fue la única decisión que tomó el consejo reunido, a parte de aplazar las más importantes sobre el fomento de las canteras y la financiación de los clubes al respecto.

Giancarlo Abete, el presidente de la Figc, de la que algunos clubes, como el Palermo, promueven separarse, ha dicho que "no existe una relación de causa - efecto con el fracaso del Mundial. Nosotros tenemos que dar más importania a nuestros jóvenes". Sin embargo, la relación es inevitable y no puede ser casualidad que se adopte dos semanas después de la caída mundial. Evidentemente, adoptar esta medida con el mercado ya en marcha, ha creado muchos problemas a varios clubes que ya tenían sus pre-contratos firmados y que ahora tendrían que pagar una penalización por su incumplimiento, pero perjudica más a un equipo como la Juventus, en plena fase de reconstrucción, que ahora tendrá que elegir uno entre Dzeko y Krasic, los máximos objetivos del mercado y empezar a pensar en posibles combinaciones. "Si ficho a Krasic, podría fichar a Gilardino. O podría fichar a Dzeko y a Elia...". La campaña de fichajes de la Juventus, en cualquier caso, se ha ido al traste.

El desastre es total; la norma es absurda y su adopción también. Cuando Italia cayó en la primera fase del Mundial de 1966 contra Corea también cerró sus fronteras a todos los extranjeros y no volvieron a abrirse hasta 1980, cuando se permitió la inclusión de uno por equipo. 44 años después, una medida similar, pero mucho más estúpida, no pueden decir que no tiene relación. ¿Y por qué esta vez es mucho más estúpida? Pues por la fecha en la que se adopta, sin previo aviso y porque la Figc está culpando a los extracomunitarios de la eliminación de Italia en el Mundial. ¿Es esto posible? ¿Puede permitirse Italia tener unos dirigentes tan incapaces en un momento en el que hay que actuar con decisión y en consenso?

Está bien y es lógico intentar incrementar la presencia de italianos en los equipos de Serie A (como, por otra parte, ha hecho la Juventus, con cinco fichajes italianos: Pepe, Storari, Bonucci, Lanzafame y Motta), pero hubiese sido quizá más entendible 1) modular esta nueva normativa antes del Mundial y 2) darle un sentido mucho más amplio y verdadero y que no sea un mero fraude como lo es. Porque, ¿qué impide que las plantillas estén formadas por 25 extranjeros? Nada. Siempre que sean españoles, franceses u holandeses. Si son ghaneses, chilenos o uruguayos, no. Entonces, ¿qué sentido tiene la norma? Porque a la selección italiana no obtendrá ningún beneficio por la presencia de Sneijder, Ribéry o Torres. Ni tampoco con la ausencia de Krasic o Dzeko.

domingo, 21 de junio de 2009

La historia exige un cambio


La intrascendencia que se le suponía a esta Copa Confederaciones se ha visto rota por el descalabro histórico de Italia. No por la eliminación, sino por la forma en que se ha producido. En el fútbol, los cambios de ciclo se suelen producir de forma dramática, mandando el mensaje inequívoco de que no existe marcha atrás. En los últimos años vimos el fin del Dream Team de Cruyff en Atenas contra el Milan con un sonrojante 4-0 que desacreditó para siempre las teorías del trabajo del holandés, o el final de la era galáctica del Real Madrid en 2005 cayendo en la prórroga contra la Juventus en Delle Alpi. Italia ha caído en la fase de grupos habiendo conseguido ganar tan sólo a Estados Unidos y siendo humillada por Egipto; que será campeona de África, pero que ocupa el puesto 40 en el ranking Fifa, y Brasil. La derrota última es especialmente significativa por las formas, pero también por el fondo: el tres a cero. El año pasado Italia encajó otro doloroso 3-0 de Holanda en la Eurocopa. Había tardado veinticinco años en volver a recibir tres goles (desde Suecia en 1983); pero ayer la historia se repitió sólo un año después. Es sintomático; no casualidad.

En un año han disminuido veinticinco veces su rendimiento histórico. Algo que prueba que la tradición, por mucho que alguien se empeñe en mantenerla viva, ha muerto. El mismo equipo que ganó el Mundial hace tres años es un fracaso absoluto por edad, idea, concepción, juego y rendimiento. Pero de este tema, de la creación de este equipo, ya hemos hablado y debatido. Ahora hay que hablar de las repercusiones de la toma de decisiones incorrecta. Contra Egipto y Brasil, quedaron en evidencia todas las lagunas de un equipo que lleva meses mostrando síntomas de que su mejor tiempo ya pasó y que ya emergieron con fuerza en los primeros partidos que Italia jugó en Sudáfrica (remontadas 4-3 contra Nueva Zelanda y 3-1 contra Estados Unidos): el juego no fluye, la defensa no da ninguna seguridad, el centro está atascado, el ataque inmóvil... Errores en el juego que han llevado a los malos resultados que han provocado que las decisiones de Lippi hayan pasado de ser discutidas a directamente desechadas. Y todo esto, dejando claro que en este torneo, aunque meramente anecdótico, Italia hubiese quedado fuera después del segundo partido de no ser por la actuación de Rossi en el primer partido. Porque la realidad de Italia es así de triste. Desde hace más de dos años no (primero con Donadoni, después con Lippi) no ha jugado un partido satisfactoriamente desde el punto de vista del juego, ya no del espectáculo. Llegaron a la pasada Eurocopa con un remate de saque de esquina en el descuente; si no, se hubiesen quedado fuera tras no poder ganarle a Francia ninguno de los dos partidos de la clasificación. Ahora lideran su grupo de clasificación para el Mundial, pero jugando contra rivales modestísimos, uno de los grupos más fáciles no sólo de Europa, sino del mundo. Y contra equipos más 'acreditados', siendo generosos, como Bulgaria (23ª en el ranking Fifa) e Irlanda (34ª), sólo han logrado empatar, 0-0 y 1-1 en Sofia y Bari respectivamente. Por no hablar de la pírrica victoria en Chipre, marcando el gol de la victoria en el último minuto (1-2). En lo que va de 2009, se puede decir que sólo han jugado dos partidos serios: los dos contra Brasil, primero el amistoso en Londres del pasado febrero, y ayer en la Confederaciones. En ambos no aguantó ni media parte.

Todos estos datos (hechos tácitos, no opiniones), no obligan sino a renovar el equipo desde la próxima convocatoria de Italia (próximos 5 y 9 de septiembre juega en Georgia y contra Bulgaria), dando entrada a los nuevos jugadores que podrán dar la cara el próximo verano en Sudáfrica. Cierto, para eso lo primero es un cambio de mentalidad que no se atisba, pero, como ha dicho el propio presidente de la Figc, "Italia debe sacar el lado positivo de esta eliminación". Y ese no es otro que la remodelación del equipo. Después de la Confederaciones no valen ni se admiten excusas. Ni el campeonato es modesto, ni los jóvenes están faltos de preparación o rodaje (aunque ciertamente podrían tener más experiencia habiendo jugado estos tres partidos)., ni nada. La edad no es ninguna barrera; ni por defecto ni por exceso. En ataque piden sitio Pazzini, Cassano e incluso Balotelli y, sobre todo, Amauri, cuya nacionalización está a un paso. En el centro faltan D'Agostino (tiene 27 años), Marchisio, Aquilani y Cigarini. En defensa Motta, Santacroce, Bochetti, Criscito y De Ceglie. Y Marchetti en la portería. La único que puede dudar Lippi es a quien llamar y quien se tiene que quedar fuera. El cambio es obligado. La historia lo exige. De lo contrario, la tradición italiana corre el riesgo de convertirse en un dogma de fe.

lunes, 15 de junio de 2009

Pero Italia necesita una renovación


Italia cerró ayer con un complicado triunfo su debut en la Copa de Confederaciones. Pero aún así, los problemas de Italia siguen ahí y la necesidad de renovación pasa a obligación si se piensa en 2010. Italia llega a esta Confederaciones en calidad de campeona del mundo, un título que conquistó hace tres años en Alemania. A pesar del tiempo y la decepcionante Eurocopa del año pasado, en el equipo que ganó ayer a Estados Unidos había seis titulares en la final del Mundial. A Alemania Buffon, Zambrotta, Cannavaro, Grosso, Camoranesi, Pirlo o Gattuso llegaron bordeando la treintena, hoy la sobrepasan (la media de edad del equipo actual es de 32 años) y el año que viene algunos de ellos pueden quedar ya muy lejos de su mejor forma.

Pero el problema de Italia no es tanto la edad sino la mentalidad que conduce hasta el inmovilismo actual de este grupo y que cierra cualquier puerta a la regeneración. El domingo, el diario El País publicó una entrevista a Marcello Lippi en la que el actual ct italiano defendía el estilo "táctico y eficaz" que ha caracterizado históricamente a Italia y sentenciaba diciendo que "somos campeones del mundo, no nos interesa el fútbol de toque". A partir de esta afirmación es de donde se debe hacer cualquier análisis de la selección italiana como representación de la Serie A. Una lectura que no es fácil y que presenta diversas consideraciones.

En Italia, con Marcello Lippi al mando, premian los valores históricos, tradicionalistas e igualmente efímeros y volátiles por encima de la realidad actual. Lippi pretende mantener el "estilo tradicional" italiano ajeno a las demandas del fútbol actual, con un juego que no es referencial en el panorama de hoy día. 'Sufre' el problema histórico de Argentina en los tres últimos lustros; intentar hacer prevalecer un modo de juego o un sistema táctico sobre los jugadores. Error. Se suele decir que el fútbol es de los futbolistas y, en consecuencia, debe ser el equipo el que se adapte a los futbolistas y no al revés. Las selecciones nacionales, a diferencia de los clubes, tienen un radio de elección limitado y están obligadas a construirse en cortos períodos a razón de los futbolistas que están disponibles en el momento, apartando estilos y tradiciones. Actualmente en Italia hay una nueva generación de futbolistas que han roto con el estilo histórico de la azzurra (D'Agostino, Marchisio, Montolivo, Rosina, Aquilani...) e intentar eternizar a los jugadores del pasado para hacer prevalecer un estilo predeterminado no es sino un error monumental cuyas consecuencias serán notorias en el futuro.

El por qué de las convocatorias de jugadores como Gattuso, después de seis meses parado por una lesión, o Camoranesi, que ha firmado su peor temporada desde que llegó al máximo nivel, es otro de los grandes retos por resolver de Italia. La glorificación apresurada de la que fue objeto Marcello Lippi con todo su equipo en 2006, después de muchos años sin nada que llevarse a la boca para los transalpinos, ha sido recibida por el seleccionador como un cheque en blanco para hacer de la Nazionale su coto privado sin tener que dar explicaciones de nada a nadie. Error. Los campeones también se equivocan. Y la lista de Italia para este torneo es una prueba de ello. Tras la desazón que supuso la Euro 08, Lippi volvió a Italia con la política del miedo y la tierra quemada. Se otorgó plenos poderes y ha instalado la creencia de que así tiene que jugar Italia porque así es como ha ganado sus cuatro mundiales a diferencia de como cayó en la última Eurocopa.

En la entrevista de la que hablábamos, la periodista preguntaba a Lippi si el juego de Italia "es un problema de mentalidad o la falta de jugadores para desarrollar otro tipo de juego". La respuesta del seleccionador: "No. Es simplemente una cuestión de mentalidad. Buenos futbolistas también los hay aquí". Error. Y mentira. Italia sí tiene un problema futbolístico: la creencia de que con el trabajo y la entrega basta y lo demás está de más. Es cierto que sin la implicación no existe el equipo, pero impensable poder ganar un torneo (sea cual sea) sólo a base de corazón. Y esa concepción equivocada del fútbol ha hecho que los productos y la seña de identidad de Italia hayan sido durante mucho tiempo Gattuso y Materazzi. Y el problema es grave. No es una coyuntura, una crisis del momento; es un fallo en la estructura deportiva de todo un país que necesita quitarse el yugo del pasado.

Esta Copa Confederaciones era una oportunidad perfecta para hacerlo. Y para renovar un equipo que el año que viene será más viejos y llegará con una incógnita al próximo verano. Sin embargo, han apostado por Zambrotta (32 años) y no por Santon (18 años), por el choque de Gattuso en detrimento de la fluidez de D'Agostino, y por la veteranía de Luca Toni (32 años) contra el aire fresco y las ganas de Pazzini (24 años). El ejemplo de Lippi para un fútbol que se enquista con un empobrecimiento progresivo en su competición doméstica no ha podido ser más desolador. Con tres o cuatro cambios el equipo hubiese sido más competitivo mientras conservaba la base de los campeones del mundo. Pero visto lo visto, el futuro próximo de Italia pinta mal y más a largo plazo es un enigma sin respuesta. Al final, ganar títulos puede convertirse en el principal problema de Italia. Francia, Holanda, Brasil o Argentina son los ejemplos más cercanos en el tiempo del precio negativo del conservadurismo de los ideales futbolísticos pase lo que pase. Y no hay nada peor que ignorar la historia para volver a repetirla. Que Rossi rescatase ayer a Italia no fue casualidad.

La convocatoria alternativa de Italia para la Copa Confederaciones:


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