Nos vamos, pero sin vergüenza


Los goles de Cruz de penalti y de Balotelli contrarestaron los de Del Piero y Iaquinta. La Juve hizo un partidazo, dominó y se va con la cabeza bien alto. En el partido más cínico del Inter en lo que va de temporada, tuvieron un penalti y vieron dos goles de Balotelli, que tuvo que ser expulsado en el minuto 20.
No tenemos que avergonzarnos porque quien haya eliminado a la Juventus de la Coppa Italia sea un chaval de 17 años, Mario Balotelli, rebautizado por muchos como Super Mario, autor de dos de los tres goles que le dieron la victoria y la clasificación al Inter. No podemos sentir vergüenza porque el más pequeño del equipo de Mancini tiene una calidad innegable y porque con un árbitro más ecuánime, como muchos piden en Serie A, Balotelli no hubiese acabado el partido, lo hubiese acabado en el minuto 20. No hay que avergonzarse por haber visto que el Inter es un equipazo incluso cuando juega con los reservas, porque la Juve fue un rival más que digno. El resultado (2-3) es bastante elocuente. La Juventus ha sido capaz de responder a cada golpe del rival, de reponerse a la primera desventaja y después de anular el segundo gol del Inter, llevada en volandas por su insignia, el capitán Alessandro Del Piero, inspirado, motivado, enfadado, dolido en el orgullo. Lo que es él, un lider. El lider, nada nuevo, por otra parte. Pero, a diferencia del 2-2 de San Siro, las ganas del capitán no han sido suficientes para obrar el milagro y cerrar cuentas con el pasado. Quizá no sea aún el momento, quizá sea indispensable algo más y mejor para luchar de igual a igual con los mejores.
No sé realmente con qué objeto, Mancini dijo que llegaría a Turín y pondría sólo 10 jugadores en el campo, pero cuando Saccanni le perdonó la vida a Balotelli sacándole sólo la amarilla después de una agresión a Legrottaglie, pocos minutos después del empate a 1 de la Juve, tuvo que pensar que existe algún poder sobrenatural o que los árbitros le favorecen. Bueno, siendo él, posiblemente no pensó nada. Con un hombre menos, encima el que marcó dos goles, el Inter se hubiese dedicado muchísimo más a contener a la Juventus, animada por el sacro fuego de la venganza. Animada, sobretodo, por la noche inspiradísima de Alex Del Piero y por la lucidez que ya empieza a ser habitual de Cristiano Zanetti. El centrocampista fue fundamental ayer, controlando el tempo del partido y llevando la manija del equipo, frente a un Inter confuso en el centro del campo, donde el joven Pelé no repitió el papel de la ida, donde Maniche y Stankovic pagaron su falta de rodaje con el equipo y donde Jiménez se mostró muy indeciso e intermiitente. Los hombres de Ranieri encontraron el punto y supieron aprovechar esa debilidad estructural del Inter, que dejó en casa a Ibrahimovic, Figo y Materazzi y dejó en el banquillo a Chivu, Cambiasso, Zanetti, Suazo y Vieira. La Juve renunció a las bandas, para entrar por el centro y ahondar en la herida del rival. Con una presión inagotable y la defensa muy adelantada, la Juve consiguió cortar muchos balones para jugarlos inmediatamente a Del Piero. Una táctica muy agresiva y de desgaste desde el punto de vista físico, que funcionó por una parte, desesperando a los jugadores del Inter.
El primer tiempo se cerró con cuatro goles, dos por bando, y un tiro al larguero para Maniche. La sucesión de goles le dio más espectacularidad a un partido siempre disputado a pecho descubierto y emocionante de por sí. El Inter abrió el resultado con un gol de Balotelli en el minuo 10 (controla con la mano y Belardi falla en el disparo), empató Del Piero de falta (14'), después se puso la Juve por delante en el marcador en el 31' con Iaquinta, que aprovecha el rechaze que escupió el travesaño tras el cabezazo de Stendardo, y finalmente Cruz (que le marca su 10º gol a la Juve) devolvía la igualada al marcador desde los once metros, luego de que Saccanni sancionase un penalti dudoso por manos de Salihamidizic a un tiro de Jiménez. Contado así, una tras otra, todas las emociones de la partitissima entre dos equipos que se odian y se respetan a partes igual, se puede entender mejor lo que ayer pasó en el campo. Y se pueden legitimar dos razonamientos: que la Juve jugó un muy buen primer tiempo y que el Inter es un equipo muy fuerte, incluso cuando no tiene su mejor noche.
La prueba está en que la reanudación comenzó con un fogonazo de la Juve (casi marca Nedved), y con la inmediata réplica del Inter, el gol de Balotelli (8'), un golazo que Legrottaglie aún está pensando cómo lo hizo. El joven interista recibió el balón en el área, de espaldas a puerta, se giró y fusiló a Belardi, que no tuvo su mejor noche. El tercer gol del Inter llevó la desazón a la Juve y le privó de cualquier manera de replicar. Para intentar lo imposible, Ranier dio entrada a Trezeguet (por Iaquinta) y a Camoranesi (por Birindelli). La Juve estaba desesperada. El único título se escapaba ante el rival. La amargura total llegó con el paradón de Toldo a disparo del delantero francés. Una proeza que negaba a la Juve la satisfacción de un empate inútil. Así acabó el partido. Nos quedamos sin Coppa. Nos quedamos con el orgullo. Nos quedamos con el orgullo herido. Y nos quedamos con la incógnita de que hubiese pasado con otro árbitro. Nosotros nos vamos, y lo hacemos con la cabeza bien alta. Algo que otros que ahora celebran el pase a semifinales no pueden hacer.
















