This is default featured post 1 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured post 2 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured post 3 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured post 4 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured post 5 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

domingo, 5 de octubre de 2008

Giovinco es la solución


Toda Europa ha descubierto (finalmente) el talento de Giovinco. Aunque lo hizo a la par que descubría también todas las vergüenzas que pueden concentrarse en un mismo equipo. Eso, quizá, le dio más mérito a su actuación y disparó los elogios hacia quien predica en el desierto. Después del rídiculo de Minsk, donde sólo él y Iaquinta estuvieron a la altura, Giovinco ha demostrado no sólo ser el fúturo de la Juve, sino haber ganado suficiente credibilidad para ser una pieza importante del equipo titular desde ya. Desde hoy. Contra el BATE jugó en la banda, en una posición demasiado retrasada para él. Ranieri buscó con su posición darle un impulso al ataque del equipo, aunque (y ese es otro tema), también se lo concedió al rival. Giovinco quiere un espacio más suyo, aunque eso comportará decisiones difíciles de tomar (para Ranieri) y de aceptar (para el resto), algún sacrificio (¿Nedved puede seguir jugando todos los partidos? ¿El actual Del Piero debe seguir siendo intocable?). Porque (y es algo de importancia capital para la fortuna de la Juve) no es Giovinco quien tiene que sacrificarse para entrar en los actuales mecanismos del equipo, sino que el equipo, o, mejor dicho, Ranieri, es quien tiene que adecuarse de la mejor manera posible para aprovechar al máximo el talento del joven delantero. Porque Giovinco es delantero. Atípico por su altura, pero también por sus múltiples cualidades. En el fútbol actual pocos son los jugadores por debajo del metro sesenta y cinco, menos aún los dotados con las cualidades de Sebastian.

Considerarlo la panacea de todos los malos sería caer en un error y una presión innecesaria para Giovinco. Pero también sería excusarse en su corta edad o en los galones y los sistemas ferreos que tanto han marcado la historia del fútbol italiano. Giovinco es delantero. Vale. Pero su calidad es tanta que puede jugar a la perfección en cualquiera de las dos bandas. Su capacidad de inventar permanece intacta. Es el jugador más en forma del equipo y tiene que jugar sí o sí en un momento en que los hombres más importantes del equipo no lo están para nada. Punto.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Seba y Vincenzo nos dignifican


La Juve no fue a Bielorusia para empatar. Una diferencia futbolística obvia y la posibilidad de aprovechar el segundo tropiezo del Zenit y dejar a los rusos a seis puntos imponían la victoria. Por no hablar de la necesidad de retocarse el maquillaje después de dos partidos en las que no sólo se mostró incapaz de ganar, si no como un equipo pequeño, pobre, sin recursos. Pero con el pitido final de mister Atkinsson la Juve recogió un punto gustosa. Útil, cómo no, para intentar pasar a los octavos de final, y más importante aún para evitar que empiecen a surgir pensamientos y polémicas peligrosas. No basta, sin embargo, para disipar las múltiples y justificadas dudas surgidas en las dos últimas dos semanas. El equipo de Ranieri volvió a jugar un partido nefasto, con el peor arranque de su etapa como entrenador de la Juventus, y necesitó la aportación 'extraordinaria' (en el sentido de que los dos hicieron un gran partido, y sin embargo juegan menos de lo que merecen) de Sebastian Giovinco y Vincenzo Iaquinta.

El primer tiempo de la Juve fue la personificación del terror, si bien el guión que llevaban escrito preveía un final feliz para la película. Sólo con ver el saque inicial y el ritmo frenético con el que quería jugar el BATE, al que la Juve no supo oponer resistencia en ningún momento salvo haciendo entradas semi-salvajes cuando ya era irremediable, se sabía que el partido iba a sorprender. Las sensaciones no eran buenas y la confianza se desvanecía. El saber por cuantos goles iba a ganar la Juve se transformo en una incógnita sobre cuantos iba a ser capaz de anotar. Las primeras de esas entradas que nos hicieron temer aún más por la nómina de bajas contra el Madrid que por el propio marcador de Minsk, fueron de Camoranesi, al que Ranieri le dio el puesto de Marchisio, promocionando a Giovinco a la titularidad en la banda derecha. La intención de Ranieri de solucionar el problema de los goles, que ya se estaba convirtiendo en algo crónico, y mejorar el juego parecía evidente, pero la solución no fue acertada y sí peligrosa.

En los primeros minutos, el BATE anuló con irrisoria facilidad el centro del campo bianconero, jugando con el mismo impetú para la inteligencia de la afición con Radinov y los tres mediapuntas que tenía por detrás. Destacable el trabajo de Volodko, centrocampista desconocido pero de buen gesto técnico. Sus pases largos, simples pero efectivos, complicaron demasiado la vida a la línea defensiva, hasta que en el 17', ayudado por el aturdimiento de Legrottaglie (que había pedido el cambio, aunque sin echarse al suelo, como le pidió Ranieri después del partido), consiguió perforarla, poniendo un pase perfecto a Kryvets, que dribló a Manninger y evitó la entrada tardía de Chiellini para poner el sorprendente 1-0 en el luminoso. Quizá era el premio para el que estaba jugando el partido con ilusión, viéndolo como una ocasión histórica y que, posiblemente, después de recibir al Real Madrid, no volverá a repetirse. Y el castigo para la Juve, que parecía menospreciar al rival y al partido. Hasta encontrarse en un gran problema, tremendo. Porque en el 23', el Borisov consiguió el 2-0 con un cabezazo de Stasevich, que pudo saltar cómodo ante la mala defensa de Nedved. Parecía el principio del fin. El ridículo era histórico y la sensación era de una hemorragia tan grande que podía convertirse en el mayor de la historia. Pero el último en llegar (en cuando a tiempo se refiere, nada que ver con la importancia) pudo reconducir la situación, centrando su posición, quitándose las ataduras tácticas que no son para él y creando una magnífica y sorprendente sociedad con Iaquinta. Así, en el 29' llegó el primero de Iaquinta, rematando de cabeza un centro desde la derecha de Giovinco y en el 48' (otra vez Iaquinta y Giovinco), el 2-2 postrero.

En la reanudación, Ranieri dio por buenas las emociones vividas en la primera parte y metió a Marchisio en el puesto (que no era el suyo) de Camoranesi, dándole al equipo el equilibrio que no tenía, aunque continuaba en serio peligro, pero en esta ocasión también lo creaba. La Juve mejoró en la segunda mitad, con Sissoko y Del Piero más centrados. Pero eso no fue suficiente. Y es muy grave, teniendo en cuenta la calidad del rival que había enfrente. El problema, que durante un tiempo vimos como virtud, como seña de identidad, parece haber superado al equipo, que en cuanto hecha en falta la calidad de Camoranesi, naufraga, también porque no encuentra en la otra parte, en Nedved, el crack que iluminaba el juego antaño. Por eso Giovinco no es un lujo, sino una necesidad. Ya vale de tratados filosóficos y de batallitas de otras épocas. De Ranieri queremos una idea de juego, algo que ahora no hay. Aunque de momento vivimos así. Ayer, con un disparo de Del Piero y otro de Chiellini la Juve estuvo a punto de ganar. Un castigo que, ni mucho menos hubiese merecido el BATE. Y el Madrid ganó en San Peterburgo. Como los equipos grandes.

martes, 30 de septiembre de 2008

Crisis de gol y abastecimiento


Es una de las principales máximas del fútbol, la más demoledora seguramente: si no marcas, no ganas. La Juventus ha marcado cuatro goles en cinco jornadas. Unos números de record negativo, de mínimo histórico, de crisis anotadora, de abstinencia forzada sin igual, admitibles en un periodo de transición, no de confirmación. La tabla de disimulos y salvación era Amauri, pero ahora caemos en que es insuficiente, después de que no consiguiese anotar en Marassi tras tres partidos consecutivos marcando.

Si queremos analizar la crisis anotadora de la Juve, no podemos empezar sino por Trezeguet (lesionado hasta 2009), que le ha privado a la escuadra de un potencial ofensivo fuera de lo común, como demuestran sus 160 goles con la camiseta zebrata. Por lo que, no sólo por los números, no es una perdida cualquiera (es la perdida de uno de los mejores arietes de las últimas décadas) y no tenemos la garantia de que la delantera de la Juve, aún notable, pueda asimilar la perdida de uno de sus jugadores más importantes, que le ha sido arrancado. Como diría Claudio Ranieri en una de esas entrevistas pseudo-filosóficas, Trezeguet era la flecha más afilada del arco. Lo que no quiere decir que nuestro armamente ahora sea algo descafeinado, no, 'sólo' que el mecanismo se ha atascado y ahora mismo no funciona. A los tres goles de Amauri sólo podemos sumarle el que le marcó Pavel Nedved a la Fiorentina en la primera jornada. Nada más. Nada más para sumar el peor arranque de campeonato, en cuanto a goles se refiere, de la historia de la Juve.

Pero también tenemos que saber que en el mismo libro que dice que "si no marcas, no ganas", otra de sus sentencias es que "los dalenteros no marcan si no tienen con qué hacerlo". Dicen que muchas veces en el fútbol hacer las cosas fácil es lo más difícil, y posiblemente sea ese el problema con el que se ha encontrado la Juventus. Un juego que se reduce a mandar balones largos para que un delantero, condenado a darle la espalda a su objetivo, las baje, es tan fácil, con la posibilidad de ser tan efectivo, como arriesgado. Por no hablar de Alessandro Del Piero, que preferiría un fútbol más vertical, pero no tan directo, que se jugasen los balones por abajo. Quizá sea por eso que il capitano no ha marcado todavía... Ningún gol y mucha rabia acumulada. Ranieri ha intentado justificar en cierto modo este juego hablando de las pobres condiciones del césped del Olimpico, y el de Cagliari, y el de Marassi... Pero no quiere (dice) usarlo como excusa. Faltaría más. Porque a la Juventus se le presupone una calidad que le da para ser superior a las condiciones de cualquier campo.

Pero esto no es todo. Posiblemente, falte por analizar el principal problema de la Juventus, que está en las bandas, donde este equipo tiene que crear el juego. En la derecha, Mauro Camoranesi acaba de reaparecer luego de su lesión en la rodilla, por lo que no tiene ritmo, fluidez, velocidad, seguridad. Y el aporte del voluntarioso y trabajador Zdenek Grygera es muy esporádico. Perfecto en defesa, ahora, después de rozar el gol en un par de ocasiones, desaparecido en ataque. En la izquierda está Nedved, siempre con las pilas a tope, pero con el punto de vista algo desafinado. Él juega porque tiene que jugar, porque cada vez que lo hace da todo lo que tiene por el equipo. Porque es Pavel Nedved, Balón de Oro. Y eso conviene no olvidarlo. Que se complementa bien con Molinaro está fuera de discusión (aunque habría que valorar el porcentaje de los méritos de cada uno), así como la incapcidad del lateral para sacar centros a la altura de las circunstancias y con continuidad. Centros, tan necesarios para marcar goles. Este año hemos visto uno culminado con éxito: el que contra el Catania salió de las botas de Giovinco y remató Amauri. Pero el sábado contra la Samp, Seba estuvo todo el partido mirando. En el banquillo. Por lo que nos quedamos sin fantasia, sin magia, sin velocidad, sin espontaneidad. Con tanto fajador, a la Juve le hace falta más calidad, sin tener que ponernos a recordar, por fuerza, a Xabi Alonso.

Pero más allá de cualquier matización táctica, la Juve tiene otro rival que batir: la diosa ciega. La fortuna, que no quiere acompañarle en su largo camino de vuelta a lo más alto. El fallo de Mellberg después de un partido perfecto en Florencia, los miles de balones que el Catania repelió a un centímetro de la portería, el disparo de Del Piero que se estrelló contra el palo mientras Mirante miraba en su palco vip. Hay que reconocer que tenemos mala suerte. Pero aquí entra otra ley (que esperemos no se cumpla), que está muy por arriba de la Juventus y de su historia. Incluso superior al fútbol. Es la ley de Murphy, que dice que "si algo puede ir mal, irá mal". Tendrá que ser la Juventus la que desacredite una de las mayores sophias de la humanidad. Puede.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Del Piero al palo


Del Piero al palo. Es el único titular que admite la crónica del partido que ayer jugó (por utilizar algún verbo) en Génova. Una Juventus que no lo hace mal, pero que tampoco convence, que puede ganar, pero no sabe sacar partido al esfuerzo que realiza. Esa es la radiografia del equipo que ayer no pudo ganar a una Sampodria en crisis, victima de sus defenctos estructurales, como la falta de un delantero centro que acompañe a Cassano. De un equipo que no jugaba bien, pero que ganaba gracias a su fortaleza física y mental, pero que ahora ya sólo juega mal. Porque lo que vimos ayer era la senda de un camino que empezó contra el Zenit, siguió en Cagliari y continuó contra el Catania. Sólo que en Champions y en Cerdeña la realidad fue encubierta por los golazos de Del Piero y Amauri, mientras que en Génova nadie ha podido disimular. Y por poco (por una parada de Manninger en el segundo minuto del descuento a disparo de Dessena) no hablamos de una derrota y de una situación mucho más grande.

Hay quien defiende que la Juventus no pierde, pero resulta difícil de creer las palabras y los gestos de alegría de Mellberg y Chiellini. Vale, el sistema defensivo de la Juventus ha mejorado mucho, y es realmente difícil que alguien se acerque a la portería (aunque también hay que tener en cuenta que ayer la Sampodria tuvo la misma incidencia que el impacto de una pluma contra un muro), pero para alguien que quiere luchar por el Scudetto es un argumento poco convincente y siempre hay que ir a por la victoria. Por el rival que había enfrente (que estaba haciendo lo que estaba haciendo) y por la posición en la tabla clasificatoria, que, aunque Ranieri diga que no le importa, es lo que cuenta: si esta noche el Inter ganase el derbi de Milan, la ventaja que tienen sobre nosotros se doblaría, de dos a cuatro puntos. No le otorgaría al Inter la posición de inalcanzable, pero sí abriría una hemorragia de puntos que tendría que ser rápidamente taponada para no llegar al partido contra el Inter sin posibilidades reales de Scudetto. ¿Quién lo iba a decir después de una espectacular vuelta a la Champions contra el Artmedia y un empate que quedó corto en Florencia? Reflexiones inútiles, sí, pero que surgen a raíz de la empanada que la Juve ha cogido en los últimos partidos, como si la ventaja de tener un equipo más entrenado y rodado para poder jugar la previa de la Champions se hubiese esfumado ya. En ese caso, Ranieri debería preocuparse, y mucho. Porque su equipo no sabe hilvanar jugadas de ataque, no aprovecha las bandas, es previsible y, encima, ahora no marca goles. Algún detalle de Del Piero y un disparo al palo del propio capitán son el recuento de los ataques de ayer de la Juventus. Nada más. Tanto que la Samp, que ayer salió frenada, victima de sus propios miedos, acabó el partido jugando en el área de Manninger. Aunque esto es más una anécdota que algo que tengamos que tomar en serio.

De todas maneras, también hay que tener en cuenta que la Sampdoria no es un rival cualquiera y que Marassi es un campo difícil de donde el Inter no salió victorioso y consiguió un empate tan o más desquiciante como el de ayer. De la misma manera tenemos que pensar que ayer hubo una serie de casualidades que condenaron al equipo: ninguno de los pesos pesados estuvo a buen nivel. Un Chiellini tan flojo no lo habíamos visto nunca, un Camoranesi tan impreciso no tiene antecedentes recientes, igual que Amauri o Poulsen, que jugaron, posiblemente, su peor partido desde que están en la Juve. Aunque por la cabeza de todos pasa que con un uso más inteligente de las sustituciones, el partido hubiese podido salir de la nada en la que se había metido: el único cambio (Iaquinta por Del Piero a 15' del final) fue totalmente improductivo. En el banquillo se quedó, por ejemplo, Giovinco, el hombre que, en principio, tenía la misión (reconocida públicamente) de cambiar el rumbo de partidos atascados con su clase imberbe. Y el hombre que posiblemente, a la vista de los resultados, tenga que abandonar ese papel para pasar a ser protagonista. Porque el equipo se encuentra en una situación en la que el talento ya no es un lujo o una alternativa, sino una necesidad.

El equipo de Walter Mazzarri cometió el pecado original de no fichar un delantero de verdad este verano, alguien que acompañe a Cassano. Ahora juega Delvecchio, un centrocampista que por su estatura alguien ha creido que puede rendir ahí. Para colmo de males, se lesionó Palombo, el regista del equipo (que si bien no es un crack, a la Juve le bastaría), cosa que puede traer consecuencias nefastas para el futuro del equipo, porque todo pasa por sus pies. Con todo esta situación, la Sampdoria hizo lo que pudo y lo que debía: defender bien atrás y encomendarse a una magia de Cassano. Atacó al final, cuando la Juve ya había dado el partido por perdido y el empate como válido. En un corner estuvo a punto de marcar Dessena, precisamente el sustituto de Palombo, pero la derrota la evitó Manninger. Quizá por eso la alegría de algunos jugadores, que celebraban el no haber perdido. Para ser grandes hacen falta más cosas. Principalmente, celebrar otras cosas.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Un aplauso para Ranieri


Quizá hoy, tras las decisiones de dudosa utilidad que Ranieri empleó el miércoles ante el Catania y que, a muy pequeña escala, eso sí, han lastrado el inicio de la competición para la Juve, pueda parecer que no es el momento más adecuado para aplaudirle y reconocer su trabajo. Porque gracias a su duro trabajo durante dos temporadas, 'su' Juventus se ha ganado en Italia la etiqueta de 'anti-Inter', o, para entendernos, ha confirmado a la Signora, como la primera alternativa al domino del Inter a los ojos de la opinión pública. Y le ha costado. No hace mucho tiempo, Ranieri tenía que salir a dar la cara, a defenderse por realizar unos fichajes que no gustaron a parte de la afición (la que ahora les aplaude) mientras en Milan unos disfrutaban con el fichaje de José Mourinho, entrenador de gran impacto mediatico, y otros con el fichaje de un ex Balón de Oro, ahora de latón pintarrajeado de dorado. Ranieri es un tipo muy inteligente, siempre ha sabido qué hacer y cómo hacerle y siempre ha estado seguro de ello. Como dijo Guus Hiddink en la última concentración de seleccionadores europeos, el mérito de Ranieri es doble porque "él ha tenido que construir un equipo, mientras otros (en referencia encubierta a Mourinho) han llegado con todo el trabajo hecho". Así las cosas, Claudio Ranieri, al que podríamos llamar Normal One, no ha tenido miedo de enfrentarse a nadie, ni al Special One, porque considera a su equipo tan fuerte, tan bueno, con tanto carácter y tantas virtudes, que no debe temer a ningún rival, aunque siempre con la humildad necesaria para no faltar al respeto a nadie. Y mucho menos al campeón de Italia. Pero un mes de campeonato ha bastado para darle la razón a Ranieri, que este verano sí ha acertado con todos sus fichajes y, atendiendo a la clasificación y la dinámica de juego de los grandes, también a la gente que vio en esta Juventus fuerte, luchadora y aguerrida la principal alternativa del Inter. O quizá, mejor dicho, en este primer mes de competición, hemos visto que la lucha por el Scudetto puede reducirse a un derbi Inter - Juve. Una especie de ajuste de cuentas.

Cuatro partidos no pueden sentar jurisprudencia y seguro que en los próximos meses pasarán muchas cosas, pero ya hemos visto algunas cosas que no podemos ignorar y que merecen ser nombradas. Por ejemplo, Juve e Inter son dos equipos creados con los mismos fundamentos tácticos, que hacen de la potencia su principal virtud, creados para preservar la virginidad del marcador y lo sacro de las tácticas, aunque para ello tengan que sacrificar al espectáculo. Si Berlusconi tiene impuesto en su Milan el dogma del Joga Bonito, Juventus e Inter están conformados para correr el mínimo riesgo posible y contentarse con ganar 1-0. Pero ganar. Similitudes en la filosofía y también, cómo no, analogias en las personas: Amauri es a Ibrahimovic lo que Del Piero podría ser a Quaresma o Iaquinta a Adriano. También en el enfrentamiento de parajes encontramos grandes parecidos: Chiellini y Legrottaglie son a Materazzi y Burdisso como Sissoko y Poulsen son a Vieira y Cambiasso. Seguramente Mourinho tiene un banquillo más profundo y un presidente que no le pondrá muchas limitaciones a la hora de fichar. Pero Ranieri tiene hambre de títulos, ganas de demostrar que puede entrenar a la Juve y llevarla al éxito. Quiere confirmar su buen trabajo con victorias. Quizá no le sirva para ganar el Scudetto, pero para luchar hasta el final sí. Por eso, un aplauso para Ranieri.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Así no


En una de esas noches en las que te puedes encontrar el verdugo en tu propia casa, donde basta poco para limar nobles aspiraciones, en las que entre cansancio y supuesta superioridad cualquier rival se convierte en peligroso, la Juventus no supo vencer sus propias debilidades y le puso en bandeja de plata el empate al Catania y dos puntos de ventaja al Inter. Ayer, mientras en las gradas se escuchaba "Ranieri, portaci a Roma", la Juve enmudeció, patinó con un error de posición, de concentración, de no se sabe qué ni el por qué de la defensa en general y de Chiellini en particular. Por lo que conviene aclarar algunos conceptos antes de que sea demasiado tarde: si como dice un antiguo refrán, todos los caminos llevan allí, a la ciudad del Coliseo, es indiscutible que hará falta un rendimiento distinto al de ayer para pelear de tú a tú por la Champions. Y no vale como excusa que después de que Plasmati neutralizase la ventaja conseguida con el gol de Amauri, la Juve encerrase al Catania en su campo, crease muchísimas oportunidades de gol, golpease dos palos y erigiese al portero Bizarri como héroe del partido.

No vale esa excusa y, mucho menos, las teorías sobre jardinería que después del partido dieron algunos jugadores para decir que estaba seca y alta y que les penalizó. Pero es que ayer no funcionó casi nada: ni el césped, ni el físico, ni el empuje (reducido a 15 minutos), ni la coordinación táctica, ni la mayoría de las iniciativas individuales, ni los intentos de corregir las cosas sobre la marcha del entrenador. Sí, es verdad que cada cierto tiempo salen partidos así, especialmente en un ciclo de partidos como en el que ahora se encuentra la Juve, que tiene que jugar siete partidos en veinte días, que desgastan física y mentalmente; partidos que sólo pueden resolverse con una jugada aislada, una magia sacada de la chistera por alguno de los que en la Juve se encuentran en condiciones de poder hacerlo, o con un golpe de suerte; partidos a los que no podemos pedirles espectáculo, pero sí un resultado aceptable. Es lo que hizo un Catania que Walter Zenga preparó a conciencia para el partido de ayer, rediseñándo el equipo, poniendo un medio por delante de la defensa, un único delantero, y en las bandas dos volantes altos y de mucho trabajo. Usar su típico 4-3-3 hubiese sido casi un suicidio y así puso salir de Turín con un empate más que digno, aunque también generoso.

de La variable Giovinco, ayer titular en el puesto de Nedved, aunque con funciones algo diferentes, pasó de ser una prueba a imprescindible, dada la ausencia por lesión de Camoranesi y la opacidadMarchionni quién sabe por qué. En su debut, el Piccolo Fenomeno, le dio vivacidad al juego del equipo (estuvo mejor incluso que Del Piero, voluntarioso, sí, pero algo perdido hasta que el equipo se vio en dificultades) y abrió el marcador con el centro perfecto, con rosca hacia dentro, que remató Amauri entre dos defensores del Catania. Giovinco, minúsculo si lo comparamos con los defensores del Catania, fue el protagonista del partido: desde la banda, centrando su posición, sacando toda la ventaja posible a su mayor velocidad, cambiando de ritmo constantemente, expoliado por la renovación de contrato y ultramotivado por conseguir un hueco que merece en la Juventus, dequició por completo a la defensa catanese. Si algo ganó ayer la Juve, fue Giovinco. En el fondo, tampoco hay que sorprenderse si la Juve, con Marchisio y Poulsen en el centro, es un equipo fuerte pero previsible (hubiese pasado también con Sissoko y, aunque quizá menos, con Zanetti). El mecanismo del equipo está claro: balón a quien esté arriba, preferiblemente a Amauri, y contención para proteger la defensa y el portero. Ayer el austriaco Manninger, que sustituyó al lesionado Buffon, y que estuvo muy bien durante todo el partido, ágil para parar dos tiros muy peligrosos (de Izco primero y de Biagianti después), pero que no pudo arreglar el desajuste de su defensa en el gol de Plasmati. Un gol que escoció a la Juve, que estrelló dos disparos consecutivos en el palo (Del Piero y Amauri), estuvo a punto de conseguir el segundo un minuto después con un disparo de Alex que paró Bizarri, que después también intervino magistralmente para parar un rechace de Poulsen. Demasiado tarde para intentar arreglarlo...

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Una nueva era


El pasado domingo comenzó una nueva era en la etapa bianconera de Amauri. El brasileño (por poco tiempo) finalemente tomó posesión de su cargo en el equipo. Fue titular junto a Iaquinta. Ya había sido, por lo que no era algo inédito, pero en esta ocasión no podemos hablar de rotaciones, porque Amauri es la cara de una moneda que tiene en la cruz a un Trezeguet convaleciente y que Ranieri ha lanzado al aire estando seguro de la buena suerte que tendrá. Las cosas han cambiado, para Amauri y para la Juve. Trezeguet tendrá que recuperarse de sus problemas en la rodilla, por lo que el vicecapocannoniere de la pasada temporada estará fuera de servicio durante, al menos, tres meses. Con este panorama, Amauri deja de ser 'titular-suplente', un jugador para dar descanso, como estaba siendo hasta ahora, para convertirse en la referencia ofensiva del equipo junto a Alex Del Piero, como podremos ver esta noche frente al Catania. Seguramente, Ranieri hubiese preferido seguir rotando a los cuatro delanteros e ir dosificando un potencial ofensivo sin parangón en Italia, pero el contratiempo de la lesión de David puede tener también alguna lectura positiva, como la confianza anticipada para Amauri y las retribuciones que ello puede dar a la Juventus.

Que Amauri iba a tener un papel importante en esta Juve era algo sabido por todos, pero la lesión de Trezeguet ha acelerado todo el proceso. Por lo que Ranieri ahora le ha dado todo el protagonismo y la confianza a Amauri, el delantero moderno que todo entrenador quisiera tener (como, por ejemplo, Marcello Lippi, que le considera fundamental para terminar de ajustar el ataque de la selección azzurra de cara al Mundial del 2010). Y por ese privilegio, Ranieri (del que hablaremos próximamente aquí) está tan contento y se le ve tan seguro. Amauri es un delantero especial, porque aúna las características del '9' y del segundo punta, tiene físico de delantero centro, pero la técnica y el sentido táctico del '10'. Hoy por hoy, podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que no hay otro como él: corre, lucha, va inmejorable por alto y posee una técnica muy refinada; todo un fuera de serie. Esto ya lo sabían en la Juventus y por eso decidieron que él iba a ser el primero y gran objetivo del mercado estival. Porque un equipo basado en un centro del campo compuesto por centrocampista de lucha y una defensa cada vez más fuerte al lado de Buffon, no podía sino ir a por este brasileño tan atípico, creador de ataque, para crear o, mejor dicho, reforzar la alternativa al juego del 'regista' clásico en el centro del campo, basada en el poderío ofensivo. En esta Juve las ideas vienen de las jugadas de Camoranesi y Nedved desde las bandas o de Del Piero más alante. Y Amauri parece ser el complemente ideal. Realiza un trabajo continuo y muy valioso, crea espacios y busca insistentemente el gol hasta conseguirlo. Con sus continuos movimientos oscilantes desconcierta a los defensores rivales, con su potencia y su altura llega donde otros no pueden. Aunque, siendo francos, hasta la semana pasada no parecía del todo integrado en el mecanismo de la Juventus. Quizá por sentir una presión que nadie ha puesto nunca sobre él y que ya parece haberse esfumado con sus dos últimos goles, importantísimos, que le han dado seis puntos a la Juve.

Pero ahora la situación ha cambiado y en el siempre incómodo campo del Cagliari ya ha empezado a cargar sobre su ancha espalda el peso del éxito de la Juventus que tanto esfuerzo ha hecho por tenerle en sus filas. Hasta el domingo su entrada en el equipo se estaba desarrollando de una manera gradual, empezando desde el banquillo, jugando con las rotaciones. Pero el objetivo de la Juventus, desde un principio, era el de convertir a Amauri en el punto de partida y la referencia del futuro del equipo. Porque tenemos que preparnos con tiempo para el día en que la Juve no podrá encomendar sus sueños y esperanzas a la histórica pareja Del Piero - Trezeguet. Desde ya se trabaja para el futuro. Esta noche seguiremos viendo las evoluciones. Amauri tendrá que cargar con todo: por una parte la Juve, por la otra; Italia. Él podrá.

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More