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miércoles, 11 de febrero de 2009

Hiddink para batir a la Juve

Era casi imposible pensar que el todopoderoso Chelsea de Abramovich se presentase a unos octavos de final de la Champions League con Ryan Wilkins en el banquillo. Un segundo entrenador contratado de urgencia hace apenas cinco meses cuando Steve Clarck se 'fugó' del equipo para irse al West Ham con Zola. Y los pronósticos se cumplieron: un día después del cese de Scolari, el Chelsea anunció el permiso de la federación rusa para hablar con su seleccionador el holandés, amigo personal de Abramovich, Guus Hiddink. Ayer llegó la confirmación: Hiddink se ocupará del Chelsea de manera provisional (y compartida con la selección rusa) hasta final de temporada, momento en que volverá a dedicarse exclusivamente a su proyecto de futuro con Rusia y cuando el Chelsea tendrá que buscar otro entrenador.

Se mire por donde se mire, una mala noticia para la Juve. Ranieri tendrá que enfrentarse ahora a un equipo que no ha estudiado y a una eliminatoria del todo imprevisible. Además, echando un ojo a la clasificación de la Premier (donde el Chelsea está a siete puntos del líder), podemos adivinar que la contratación de Hiddink tiene un objetivo primordial: visto que la Premier está prácticamente perdida, luchar por ganar la Champions. A todo esto, habrá que unirle la rabia de los jugadores, que serán los primeros deseosos de voltear la situación demostrando su calidad en la eliminatoria contra la Juve. Animicamente se cierra un periodo gris, con malentendidos entre el anterior entrenador y varios de los pesos pesados del equipo. Así, el Chelsea vuelve a empezar: el primer problema a resolver de Hiddink será elegir (nada fácil) entre la calidad y el trabajo de Drogba o la capacidad goleadora de Anelka, que podría tener un papel fundamental en la eliminatoria contra la Juve gracias a su potencia, velocidad e inteligencia para aprovechar espacios a la espalda de la defensa. Especialmente la de la Juve, siempre adelantada.

Hiddink, un auténtico trotamundos del fútbol, se ha especializado últimamente en resolver situaciones complicadas con mucho éxito. En 1987 dio el paso al banquillo del PSV Eindohven, y sólo un año después ganó la Copa de Europa con la tan famosa estadística de conseguirlo sin ganar un solo partido desde los octavos de final. En los últimos años, además de coleccionar títulos de la Eredivisie con el PSV (tres en cuatro años), incluso rozar la final de la Champions (en 2004 cayeron en semifinales contra el Milan en el descuento con un gol de Ambrosini), se ha caracterizado por sus retos ciertamente exóticos. En 2000 se unió a la selección de Corea para asegurarles el éxito en 'su' Mundial. Y así fue, aunque las actuaciones arbitrales fueron determinantes, Corea se plantó en semifinales del Mundial de 2002. En 2006 se convirtió por prmera vez en pluriempleado, asumiendo el reto de doblegar a Uruguay en la ronda previa al Mundial de Alemania con la selección australiana (primera clasificada en Oceanía contra quinto de Sudamérica) sin renunciar a su puesto en el Philips Stadion. Dicho y hecho: Australia ganó a los uruguayos y en Alemania cayeron en octavos de final contra Italia (penalti anotado por Totti en el descuento), tras haber superado a Croacia y Japón en su grupo. Antes, en mayo, el PSV había levantado la Eredivisie.

Tácticamente es un preparador imprevisible: siempre ha conseguido adaptar el mejor esquema a sus equipos, sin pudor para pasar de jugar con tres medios y tres delanteros, o usar el clásico 4-4-2 o pasar a la defensa de tres con la Rusia, su último éxito tras conseguir llegar a las semifinales de la Eurocopa (3-5-2 en esta ocasión) sorprendiendo a todo el continente. Al Chelsea aportará experiencia principalmente, el punto negro de Scolari. Bajo la guía del brasileño, los blues no obtuvieron ni una sola victoria de referencia (no ganaron ni a Arsenal, Manchester, Liverpool o Roma), y pronto perdió el norte. Demostraron su incapacidad para poder pelear la Premier League y desperdiciaron el talento de Drogba, preferiendo el acierto de cara a puerta de Anelka. Su curva fue claramente ascendente: empezó aunando juego y resultados. Después perdió el buen juego y finalmente empezó a dejarse puntos (en Stamford Bridge ha perdido ya más que en las dos primeras temproadas de Mourinho: 16 en la actual; 12 entre la 04/05 y 05/06). En la Juve sabían que no iba a ser una eliminatoria nada fácil, pero la ocasión era perfecta para dar un golpe de autoridad en Europa y conseguir una victoria para levantar la moral. Ahora toca volver a soñar desde cero. Hiddink legará al Chelsea una semana antes de la ida en Londres y sólo podremos medirle contra el Aston Villa ¿Qué Chelsea veremos contra la Juve? ¿Jugará Drogba o Anelka? ¿Y si lo hacen los dos juntos? ¿Cómo gestionará Hiddink la ausencia de Quaresma en la eliminatoria? ¿Jugará Deco o usará un ataque más directo? Sorpresa. Encima recuperará a Essien. Peligro.

martes, 10 de febrero de 2009

Amauri lo confirma: Dunga es un ignorante

En la Juve está pasando algo increible: Del Piero ahora tiene que sobresforzarse para convencer a Lippi; David Trezeguet ha renunciado a la selección francesa hasta la salida de Domenech, que antes renunció a él; y ahora es Amauri el que se ve ninguneado por el seleccionador de su país. "Sigo adelante con mi grupo, nunca más llamaré a un jugador por un buen tramo en la temporada". Este ha sido el mensaje que el seleccionador brasileño ha mandado a Amauri, gritando al mundo si ignorancia, y que dificilmente se convertirá en un futura convocatoria del delantero juventino con la canarinha. Más fácil será que no vuelva a llover en Londres. Así, con la misma facilidad con la que repartía cera y golpeaba balones y piernas cuando era jugador, habló con la misma mediocridad técnica que caracteriza el juego de su seleçao, la peor de la era moderna.

Lo dejó claro: en su tan personal y discutible lista de delanteros están Luis Fabiano, "bota de oro", Adriano, "máximo goleador de la Copa América" y que apenas cuenta en su equipo, y Pato antes que Amauri. Quizá el delantero de Carapicuíba se entretuvo demasiado desojando la margarita de Italia y Brasil. Quizá Dunga le haya hecho perder a Brasil uno de sus mejores delanteros por no saber aceptar la victoria de un futbolista humilde que tuvo que huir de su país en busca de oportunidades y por no darse cuenta de que Amauri tiene una calidad para justificar de sobra su convocatoria sin tener que esperar una lesión de Luis Fabiano para hacerlo (y encima mal hecho).

Una de las causas puede que sea la marcha demasiado pronto de Brasil de Amauri que le alejó de los elogios de la prensa nacional e internacional (hasta hace pocos meses), dando aún más motivos a la leyenda de quienes afirman que son los medios de comunicación brasileños los que confeccionan las listas de convocados. De todas maneras, sea como sea, las decisiones de los seleccionadores se pueden discutir, pero se deben aceptar. Lo que no es correcto es el menosprecio y la humillación pública a la que Dunga ha sometido a Amauri ante 152 medios de todo el mundo, alvando su "buen momento". Lo que es lo mismo: está bien, sí, pero no es bueno. Al menos no tanto como para hacerlo con su equipo... Idem: el seleccionador brasileño sigue con su discurso, invariable y difícilmente comprensible. La enésima muestra de su mediocridad e ineptitud, como la suplencia de Daniel Alves, o la titularidad de Gilberto Silva. Naturalmente, la Juve disfruta de ello: Amauri no se verá obligado a realizar continuos viajes transoceánicos y podrá pasar a engrosar el orgullo nazionale italiano. Gana Italia, gana la Juve. Pierde Brasil, pierde la selección. ¿Gana Scolari? Pregunto...

domingo, 8 de febrero de 2009

"Fútbol es fútbol"; Juve es Juve


Victorias como la de ayer en Catania, en inferioridad numérica más de ochenta minutos, con un gol al final del descuento, con los pulmones vacios por la fatiga del partido y la acumulada de la prórroga del miércoles, pero con el corazón enchido de orgullo, valen mucho más de tres puntos. Valen (casi) una temporada, ya que las opciones de la Juve podrían haber terminado inexorablemente en Catania, en medio de la ventisca y con negro nubarrones en el horizonte, y, sin embargo ahora están más reforzadas si cabe. Inicialmente porque vuelve a la segunda plaza de la Serie A, adelanta nuevamente al Milan y después, porque ha mostrado su gran fuerza psicológica con dos victorias muy sufridas que opacan las derrotas consecutivas contra Udinese y Cagliari. Fue la representación real de las palabras que dijo Blanc entresemana: "en la Juventus se puede tambalear, pero no se rendirse". Nunca. El que forma parte de la Juve tiene un ADN distinto con respecto al resto de comunes mortales: cuando le dan por muerto, revive sorprendentemente para matar al rival. En realidad no es más que una exageración, el ADN es normal, pero lo que es cierto, seguro, palpable y demostrable es que la Juve tiene algo distinto.

Aunque dicho esto, ayer no vimos un fútbol agradable, nada espectacular, también porque en inferioridad numérica es casi imposible hacerlo, pero sí la resistencia, la capacidad de sufrir que siempre muestra la Juve, además de la inspiración para marcar al final. Si Iaquinta no se hubiese autoexpulsado con una estupidez colosal instantes después de lograr el 0-1, el partido hubiese sido completamente distinto, un descenso de montaña. Nada más lejos de la realidad, se transformó en un puerto de primera categoría. La estupidez de Vincenzo consistió en dos amarillas consecutivas, una por exceso de furia y torpeza en la celebración del gol (se quitó sin querer la camiseta anterior que le hubiese evitado ver la primera amarilla) y la segunda por una durísima entrada sobre Potenza instantes después: así Morganti aplicó con rigor el reglamento y le mostró dos amarillas en 12 minutos. Legales, sí, pero igualmente polémicas. Por otra parte, Iaquinta pasará por caja esta semana para pagar su error. Económicamente la directiva no perdonará. Deportivamente, será difícil que Ranieri lo haga, vista la competencia y la poca serenidad que ha mostrado Vincenzo, incapaz de sobrellevar la presión que implica estar en la Juve. Y para cerrar con los temas arbitrales (ojalá que definitivamente), hay que decir que Morganti ignoró un penalti perfectamente señalable a favor del Catania por mano de Marchionni (la pelota le llegó a él involuntariamente, pero después hizo el gesto con el brazo). Nada especialmente grave, pero lo suficiente para alimentar los comentarios de otros entrenadores que ya sí ven los partidos de la Juve.

Paradojicamente, las mejores armas de la Juve se vieron tras la expulsión de Iaquinta, porque todos tuvieron clara la misión: cerrar espacios y alejar el balón todo lo posible del área de Buffon. Todos lucharon por el mismo objetivo, todos se sacrificaron por igual, y si no que se lo pregunten a Amauri. Aunque, sobre todos los demás, hay que destacar a Sissoko, que estuvo literalmente bestial, haciendo las funciones de Del Piero, siempre dentro de sus características, subiendo con el balón y bajando a recuperarlos. También estuvo bien Tiago, aunque su labor de controlar el tiempo se hubiese visto mejor con once jugadores y con algún tiempo que controlar; y, cómo no, otra vez Amauri, genial sacándose él solo las castañas del fuego, luchando y ganando cada balón que le llegaba por muy en malas condiciones que fuese y ayudante de Poulsen en el gol del final. Como contrapunto está Ranieri. El resultado es casi anecdótico. Él no consideró la diferencia que existía entre tres puntos y uno y sí vio un gran escalón entre ganar uno o ninguno. Matemáticamente equivocado y también tácticamente. Ganar era obligado y conseguirlo ayer fue una pura casualidad. Con la entrada de Del Piero en el campo, la Juve no sólo hubiese tenido más oportunidades reales de crear peligro, sino que se lo hubiese ahorrado ante el temor que presumiblemente exhibiría el Catania. Sin embargo, Ranieri se decidió por Poulsen, por ceder más balón y conceder más oportunidades, aunque le salió el genio de la lámpara y le regaló el partido con gol del danés.

No es el momento de las críticas, menos cuando el trabajo que el técnico romano ha desempeñado durante la temporada ha sido más que bueno. Pero ojo, no es la primera vez que Ranieri no sabe o bien llevar la presión, o bien salir al atajo de un problema concreto. Debe saber donde está y que cada decisión que tome es la más importante de su vida. Por otra parte, hay que felicitarle, ya que los dos goles de la Juve llegaron a balón parado: la falta botada de Camoranesi que remata Iaquinta ayudándose en Stovini y el corner de Nedved que toca en Amauri y después de un error garrafal de Terlizzi remata Poulsen. Por su parte, El Catania dispuso de muchas ocasiones, pero no pudo materializarlas. El gol del empate de Morimoto, ayudado por el mal despeje de Grygera con Mascara y la mala colocación de Buffon, fue, de entre todas las ocasiones, la más absurda. Después Buffon salvó otros cuatro goles (impresionante paradón a un disparo de Martínez) que desesperaron al Catania. Aún no es el Buffon de siempre, se le ven algunos errores en el juego, pero poco a poco va cogiendo confianza con los palos de la portería, la hierba del campo y sus compañeros de la defensa. Un poco de paciencia se le puede conceder. Porque aún no estándo al 100%, nos permitió ganar. Y estar a siete puntos del Inter es mejor que estar a nueve o a diez, Ranieri.

Trezeguet è tornato


Dicen que a lo largo de sus nueve años como jugador de la Juventus, David Trezeguet tiene como costumbre, casi es un ritual, ir a cenar al mismo restaurante cada vez que la Juve juega por la noche. El pasado miércoles, tras eliminar al Nápoles de la Coppa, y en compañía de toda la familia que tras una bandera argentina le acompaña siempre desde el palco del Olimpico, volvió a la rutina que ha seguido desde que era el suplente de Inzaghi: ir a cenar al restaurante de siempre. Sorprendente, pero cierto. Dicen que al finalizar, y de vuelta a los vestuarios, les dijo a sus compañeros: "sono tornato". Los 61 minutos jugados, el penalti marcado y el gol (legal) anulado son señales más que suficientes para pensar que el calvario comenzado en septiembre ha terminado ya de una vez por todas. Trezeguet ha vuelto y ahora los problemas los pueden tener otros...

Le hacía falta a David, después de la doble operación en la rodilla por la rotura de los ligamentos y los cuatro meses de rehabilitación entre Arezzo, Roma y Vinovo, trabajando solo, mientras el equipo superaba la crisis y remontaba en la clasificación acercándose peligrosamente al Inter y él no podía hacer nada para ayudar a la gran causa bianconera. Le hacía falta un partido como el del pasado miércoles, auténtico, duro, difícil, repleto de retos y emociones, tras los diez minutos en Udine y el reposo absoluto para no poner en peligro la recuperación contra el Cagliari. Ahora le haría falta un gol (esta misma tarde) para recuperar la categoría de delantero implacable, de killer del área, la categoría que le compete: no marca desde el 17 de mayo de 2008, contra la Sampdoria, gracias al penalti que le regaló Alex Del Piero en el último partido del campeonato. Casi nueve meses sin poder celebrar un gol, una eternidad infinita para quien estaba acostumbrado a engrosas sus estadísticas anotadoras cada domingo. Unas estadísticas envidiables: 160 goles desde el año 2000, muchos de ellos de tres puntos, que le convierten en el extranjero más prolífico de la historia ultracentenaria de la Juve, etc, etc, etc...

Está nervioso ahora, tiene muchas ganas. Ha confesado que con tal de jugar estaría dispuesto a hacerlo en el puesto del lesionado Chiellini: un mensaje para el entrenador que le necesita y un consejo regalado gratuitamente a Amauri: con todo el respeto y el afecto posible, si quiere mantener el puesto, debe mejorar sus últimas actuaciones, porque Trezeguet ha vuelto y amenaza a todos y a todo lo que se le ponga por delante. Puesto que parece difícil, por las características de ambos y por Del Piero, que Ranieri les ponga juntos, es inevitablemente que a partir de hoy mismo empiece el duelo para conseguir un puesto en el 'once' titular. Amauri es fuerte, trabajador y potente. Trezeguet no ha perdido el viejo vicio de meter en la portería cada balón que se encuentre; Amauri hace más trabajo, Trezeguet es insuperable en el área. Decidir quien juega y quien ocupa el banquillo no es fácil, pero ¡bendito problema para Ranieri!, que siempre se ha visto obligado a poner lo único que tenía a disposición, sin poder elegir o variar. Pero Amauri es un tipo duro, que no le gusta dejar de jugar ni un minuto y Trezeguet tiene un carácter bastante susceptible y ya ha dicho que quiere jugar. Ranieri tendrá que estar acertado para controlar temperamentos y exigencias colectivas, asuntos personales y deberes del equipo. Pero está claro que el Trezeguet que todos conocemos no puede quedarse al margen en muchos partidos: tiene que ser aprovechado y disfrutado, sobre todo ahora que vuelven los partidos europeos, que ya ha dicho que son su mayor objetivo. Y el de todos nosotros.

Francia le ha dado la espalda: mientras esté Raymond Domenech, Trezegol, 31 años, perfecto para disputar el Mundial de Sudáfrica, pero no el de Brasil, no volverá a la selección bleu. La Juventus se ha convertido, aunque a la fuerza, su selección, el equipo por el que darlo todo y con el que espera conseguir muchos éxitos. Es uno de los supervivientes de la Serie B, de los que no quiso irse, y eso le ha hecho ganar muchos enteros tanto dentro del club como entre la afición. Que le ama, porque la gente sabe distinguir los mercenarios de los profesionales, los enamorados y dedicados de los oportunistas. "Sono tornato" puede ser el titular del mejor fichaje de invierno de toda Europa. Y una advertencia para los demás...

jueves, 5 de febrero de 2009

A semis y poco más


Hicieron falta doce penaltis para saber quien entre Juventus y Nápoles pasaba a las semifinales de la Coppa, porque noventa minutos reglamentarios y otros treinta suplementarios no fueron suficientes. Falló para el equipo partenopeo Gargano, uno de los mejores de la noche, tirando su penalti a las nubes de Turín cuando su equipo lo tenía todo de cara después de que la Juve fallase dos lanzamientos con Nedved primero y Sissoko después. Hubiese sido fatal para la Juve verse fuera de la competición después de las dos derrotas consecutivas en la Serie A. Así, con la victoria, le da un empujón a la crisis y aleja los fantasmas de un segundo polémico ridículo en esta temporada. El equipo de Ranieri sigue vive en las tres competiciones, aunque el partido de ayer no sirve para quitarse el mal sabor de boca que nos dejaron los dos anteriores contra Udinese y Cagliari. Por otra parte, parece que se ha invertido la tendencia y que ha vuelto a salir a la cancha el carácter del grupo, de los jóvenes y de los veteranos, gracias, seguro al buen trabajo de Ranieri. Una garantía para la Juventus, que siempre sabe qué hacer en el momento adecuado, así como Reja sabe seguro qué le ha faltado a su equipo para llevarse una victoria que estaba más a mano que nunca.

En un primer tiempo igual a nada, dos cosas nos hicieron salir un poco del sopor en que ambos equipos nos habían metido: la lesión de De Ceglie a los 20 minutos después de chocar con Gargano y el cambio táctico sobre la marcha de Ranieri, que, para paliar la inferioridad numérica en el centro del campo con el Nápoles, que jugó con su habitual 3-5-2 (aunque más defensivo que nunca), le dio un aire distinto al equipo al pasar a una defensa de tres cuando el equipo atacaba (Grygera, Mellberg y Legrottaglie), adelantando la posición de Molinaro al centro, exigiendo más trabajo a Marchionni y con Giovinco por detrás de los delanteros (aunque las exigencias del rival le hicieron intervenir principalmente por la banda). Nada más destacable. Absolutamente nada en un partido nefasto en su primera mitad por parte de ambos equipos. Ni siquiera apareció la calidad de los genios, de los más esperados, como si se hubiesen contagiado del mal momento que atraviesan sus respectivos equipos. No tuvimos espectáculo, ni goles, ni ocasiones, no vimos a los porteros. No tuvimos nada más que el tedio que acompañaba a cada uno que estuviese viendo el partido.

En el fando pasó lo que podíamos esperar, que este partido no nos dejase nada para el recuerdo. Para buscarle un mínimo sentido a lo que no lo tiene, para intentar despertar los estímulos, tanto Ranieri como Reja hicieron una mínima rotación, pero sin revoluciones. Suponemos, intentando sacar algo más de quien juega menos. Poulsen, Giovinco y Iaquinta fueron las apuestas novedosas de Ranieri, pero, sin embargo, sólo Sebas cumplió con el mínimo aceptable. Pagó el gran físico de los rivales (el Nápoles prácticamente jugaba con cinco defensas), pero también el desconcierto táctico: ayer empezó de Nedved y terminó en la posición en la que, parece, Ranieri no quiere a Diego. El Nápoles, por su parte, salió a reparar daños desde el principio con defensas en la posición de carrilero (Montervino, que hizo un penalti clamoroso que no pitó el árbitro, y Aronica) y buscando siempre la pelota peinada de Zalayeta a Lavezzi, en eterno fuera de juego. Las pérdidas de tiempo desde el primer minuto evidenciaron su plan: esperar hasta el final. Aunque una incursión del Pocho a los dos de la reanudación que paró Legrottaglie, reactivó el partido.

Al cuarto de hora del segundo tiempo, Trezeguet sutituyó a Iaquinta en un intento casi desesperado de Ranieri de crear algo vagamente peligroso cerca del marco de Navarro, espectador de lujo de lo que pasaba delante de él, aunque siempre a una debida distancia. El delantero francés, que debe ser el mejor fichaje de invierno de la Juventus, puso todo de su parte para integrarse rápidamente en sistema de juego y estuvo a punto de marcar en el 32', pero finalmente Contini despejó el balón a centímetros de la portería. También salió Nedved sustituyendo a Giovinco, en una llamada desesperada a la vieja guardia para resolver el partido. Sin embargo, como está siendo habitual últimamente, a la Juve se le acabaron las energías a un cuarto de hora del final y el Nápoles puso y dispuso para ganar el partido con tres oportunidades consecutivas: disparo de Gargano abortado por Mellberg, disparo de Zalayeta que se pegó en el lateral de la red y el centro raso de Hamsik que ni Bogliacino ni Zalayeta acertaron a rematar. La Juve no tuvo ninguna capacidad de respuesta, aunque, podemos decir que por casualidad, Trezeguet resucitó a la Juventus más Juventus que nunca al marcar un gol en el último minuto del añadido (94') que anuló el árbitro injustamente y que le hubiese dado a la Juve el pase sin la necesidad de alargar más las cosas.

Así llegamos a la prórroga, un suplicio y un sufrimiento continuo (aunque esta vez por los fallos arriba). Trezeguet tuvo otro gol, pero los reflejos del portero Navarro lo desbarataron. No los tuvo, sin embargo, el árbitro Ayroldi al anular la enésima obra de arte para rescatar al equipo de Del Piero, por un rebote del balón en el codo del capitán cuando este estaba de espaldas. EStaba escrito: este partido se tenía que alargar al máximo. Así fue también en los penaltis. No bastó la habitual tanda de diez lanzamientos. Tiraron muy mal y fallaron Nedved (increiblemente), Sissoko (más normal), Lavezzi y Contini. En la muerte subita marcó Legrottaglie y Gargano la mandó a las nubes.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Por la calidad pasa la solución


El pasado sábado, tras la derrota contra el Cagliari en Turín, Ranieri 'culpó' al parón navideño, que ha causado un bajón físico notable en el equipo. Una dura derrota que se vio un poco aliviada por el posterior empate del Inter. Pero aún así es una segunda derrota consecutiva que nos obliga a la reflexión, principalmente por cómo llegó la derrota: con la Juve ganando 2-1 y sin poder controlar el partido. El análisis del encuentro sale, aunque duela, algo cruel, más allá de los números, las estadísticas y los goles marcados y recibidos: un equipo corrió y luchó hasta el final, el otro no. Y culpar a la defensa de estar muy arriba y dejar espacios atrás en los goles es un absurdo tremendo. Porque hasta ahora, la capacidad de jugar arriba al fuera de juego ha sido la mejor virtud de este equipo. Y hace menos de dos semanas el equipo era mejor, ¿o no?

El problema no es díficil de encontrar, porque seguramente esté ramificado, pero hay uno que salta a la vista: falta calidad. Y eso influye, y mucho, en todos los demás aspectos. Ranieri ha hecho famoso el dar el 120% en cada partido, pero si ya es difícil dar el 100%... Apostar por la fuerza, un estilo de juego que ha caracterizado a lo largo de la historia a la Juve es una idea válida. Pero si las fuerzas empiezan a flaquear, ¿cual es el 'plan b'? Ninguno. No hay. Y no lo habrá hasta que físicamente el equipo esté a buen nivel otra vez. Falta una alternativa táctica, una pieza para poder cambiar el diseño del equipo y el rumbo del partido. El año pasado se utilizó alguna vez de inicio el tridente arriba. Ahora es un cambio a la desesperada para intentar reconducir el resultado.

Y aquí está el principal problema. Del Piero, juegue bien o mal, no puede ser sustituido: retrasa su posición, amplía el radio de acción, y juega de 'regista' detrás de los puntas (Iaquinta y Amauri contra el Cagliari). ¿Cual es el problema? Que a Alex nunca le gustó jugar en una posición retrasada por naturaleza y que la Juve no saca ningún beneficio, al contrario. Del Piero no puede ser el hombre de enlace, él es delantero, tiene que jugar cerca del área y hacer lo que hacen los delanteros: marcar goles. Como prueban sus 21 la pasada temporada o los 20 de hace dos en Serie B.

Con este panorama, queda claro que la Juve necesita una inyección de calidad. Una obligación de primer orden, ya que Camoranesi, que en principio iba aportar la calidad esta temporada, continuamente está lesionado. Así, se hace inevitable hablar ya del próximo mercado de fichajes, donde la directiva y el cuerpo técnico tendrán que ponerse de acuerdo y hacer las contrataciones (especialemente una) adecuadas. Ranieri preferiría seguir con su dogmático 4-4-2, pero las exigencias físicas y la imposibilidad de cumplir los objetivos marcados obligan a cambiar. Ya la temporada pasada, cuando Ranieri seguramente no sentía tanta presión, probó el rombo en el medio con Tiago en una posición más adelantada. Con el portugués fuera de juego por infinidad de razones, el fichaje del brasileño Diego se convierte en fundamental. Además, esta temporada ha desempeñado en el Werder Bremen los mismos papeles que podría hacer en la Juve: volcado a la banda y, sobre todo, siendo él el regista del equipo, al lado de Frings o Baumann y detrás de dos puntas.

Las negociaciones con el brasileño parece estar avanzadas desde hace tiempo (su representanto incluso estuvo en Turín). Con el Werder, aunque son algo más complicadas, no serán imposibles, ya que el crack de Ribeirao Preto termina contrato en dos temporadas y parece que el acuerdo se podría cerrar en torno a unos 25 millones de euros. O incluso se podría haber cerrado si no fuese por el debate que existe en el seno del club sobre la idoneidad de su fichaje. En verano todos veíamos a Xabi Alonso como la solución más adecuada. Todos menos Ranieri, que finalmente se decantó por Christian Poulsen. Ahora el vasco se ha convertido en el motor del Liverpool que puede ganar la Premier League. Una pena. Pero no es tiempo de lamentarse, sino de mirar al futuro. Ranieri, por la calidad pasa la solución.

domingo, 1 de febrero de 2009

La Juve se despedaza


La Juve culmina una semana para olvidar con dos derrotas y con los males sesgados gracias al prodigioso empate del Torino en San Siro que nos deja a 'sólo' siete puntos del Inter (cuatro más que el pasado domingo). Cuestión de físico, seguramente. Pero también de calidad, porque una poca, cuando fallan las fuerzas, nunca viene mal. Sin embargo, la Juve de Ranieri cuando pierde la solidez defensiva, lo pierde todo: la garra, el carácter, el juego, los goles... y los puntos. No siempre Del Piero puede esconder los problemas estructurales de un equipo absolutamente plano sin ni una sola nota distinta además de la de Alex. Vimos las diferencias y la inferioridad el miércoles con D'Agostino y ayer con Conti, Biondini, Cossù y Jeda. La derrota de ayer contra el Cagliari aleja (demasiado) el sueño del Scudetto, aunque realmente la afición de la Juventus no se encuentra en condiciones de pensar en ello. La convicción (de todos, club y afición) es lo que más falta ahora.

En la previa del partido hubo demasiadas distracciones (¿Amauri jugará con Brasil? ¿Qué pasará con Iaquinta, se irá al Zenit?), dejando en un segundo plano algo que tenía que ser el objetivo inexcusable de la Juventus: recuperar lo que se perdió con tanta indolencia en Udine. Como era previsible, Ranieri cambió algo con respecto al partido del miércoles, pero no bastó porque no hay recambios que verdaderamente cambien. En defensa, la vuelta de Chiellini desplazó a Mellberg a la derecha al pueto de Grygera, que le hacía falta una pausa para descansar y reflexionar después de tener que aguantar (y no poder) a Di Natale. Mientras, en el centro del campo, Ranieri optó por Zanetti en cambio de Marchisio para revivir la pareja que tan buenos resultados dio el año pasado y que sólo duró 20 minutos por la enésima recaída (que después le volverá a pasar a Chiellini y que deja en entredicho a los servicios médicos del club o las decisiones del entrenador en su defecto). Por lo demás, volvió Del Piero, como preveíamos, siguió Amauri, como preveíamos y jugó Nedved, todo el partido además, como nadie preveía.

La derrota de Udine quedaba ya atrás, pero también estaba bien presente, como pudimos comprobar rápidamente, en la cabeza de los jugadores. Porque los jugadores salieron con una mentalidad y unas intenciones en consonancia a la importancia del partido, pero la preocupación y la presión que causaban una clasificación imprevisiblemente complicada y afeada quedaba evidenciada con los tantos y tantos errores que cometió el equipo, siempre nervioso. La Juve no tenía la frescura ni las ideas del Cagliari de Allegri, que tuvo la clave del partido en su búsqueda continua, y el consiguiente encuentro, de espacios. Finalmente, en la enésima llegada del Cagliari (y siguieron muchas) llegó el primer gol de Biondini (minuto 17), con el centrocampista visitante que pillaba desprevenida a la defensa para batir a Buffon.

Para demostrar que el fútbol no es una ciencia exacta, sino un misterio indescifrable, los encargados de materializar la remontada fueron Sissoko y Nedved, posiblemente los peores del partido anterior. Los dos estuvieron muy activos en el ataque con acciones individuales (e inusuales en el caso del malí), siempre con la ayuda de un Amauri mucho más despierto que en partidos anteriores. Pareció así casi un milagro que Sissoko pudiese empatar en el minuto 31 rematando de cabeza un saque de esquina que sacó Del Piero para batir a Marchetti. Siete minutos después, Nedved completaba la remontada con un zurdazo, aprovechándose de un mal rechace de la defensa cagliaritana y el trabajo de Molinaro robando el balón en la línea de fondo. Así la Juve conseguía disimular las penurias de un mal inicio de partido, pero otras iban aflorando con el paso de los minutos, hasta llegar a la pérdida del rigor defensivo, hasta hoy el mejor distintivo, quizá el único, de esta Juve. Con el panorama de esta manera, el Cagliari consiguió empatar y después adelantarse con dos acciones idénticas, que dejaron en evidencia el sistema defensivo juventino. Sendas contras que dejaron a Jeda y después a Matri sólos ante Buffon, que nada pudo hacer. Y el partido acabó así, realmente no hubo nada más por parte de nadie (aunque poco hubo de la Juve en algún momento). Acabó y dejó paso a los muchos interrogantes que deja un partido así. ¿Por qué la Juve que tan bien jugaba en diciembre pega este bajón después de la pausa navideña como la temporada pasada? Y otro: Si Ranieri quiso a Poulsen en lugar de otros jugadores más técnicos, ¿por qué no lo utiliza aún estando recuperado? Encontrar las respuestas es obligatorio. La primera, para intentar luchar el título hasta el final; la segunda (y la necesidad de inyectar calidad a este equipo urgentemente), para el futuro.

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