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domingo, 8 de febrero de 2009

Trezeguet è tornato


Dicen que a lo largo de sus nueve años como jugador de la Juventus, David Trezeguet tiene como costumbre, casi es un ritual, ir a cenar al mismo restaurante cada vez que la Juve juega por la noche. El pasado miércoles, tras eliminar al Nápoles de la Coppa, y en compañía de toda la familia que tras una bandera argentina le acompaña siempre desde el palco del Olimpico, volvió a la rutina que ha seguido desde que era el suplente de Inzaghi: ir a cenar al restaurante de siempre. Sorprendente, pero cierto. Dicen que al finalizar, y de vuelta a los vestuarios, les dijo a sus compañeros: "sono tornato". Los 61 minutos jugados, el penalti marcado y el gol (legal) anulado son señales más que suficientes para pensar que el calvario comenzado en septiembre ha terminado ya de una vez por todas. Trezeguet ha vuelto y ahora los problemas los pueden tener otros...

Le hacía falta a David, después de la doble operación en la rodilla por la rotura de los ligamentos y los cuatro meses de rehabilitación entre Arezzo, Roma y Vinovo, trabajando solo, mientras el equipo superaba la crisis y remontaba en la clasificación acercándose peligrosamente al Inter y él no podía hacer nada para ayudar a la gran causa bianconera. Le hacía falta un partido como el del pasado miércoles, auténtico, duro, difícil, repleto de retos y emociones, tras los diez minutos en Udine y el reposo absoluto para no poner en peligro la recuperación contra el Cagliari. Ahora le haría falta un gol (esta misma tarde) para recuperar la categoría de delantero implacable, de killer del área, la categoría que le compete: no marca desde el 17 de mayo de 2008, contra la Sampdoria, gracias al penalti que le regaló Alex Del Piero en el último partido del campeonato. Casi nueve meses sin poder celebrar un gol, una eternidad infinita para quien estaba acostumbrado a engrosas sus estadísticas anotadoras cada domingo. Unas estadísticas envidiables: 160 goles desde el año 2000, muchos de ellos de tres puntos, que le convierten en el extranjero más prolífico de la historia ultracentenaria de la Juve, etc, etc, etc...

Está nervioso ahora, tiene muchas ganas. Ha confesado que con tal de jugar estaría dispuesto a hacerlo en el puesto del lesionado Chiellini: un mensaje para el entrenador que le necesita y un consejo regalado gratuitamente a Amauri: con todo el respeto y el afecto posible, si quiere mantener el puesto, debe mejorar sus últimas actuaciones, porque Trezeguet ha vuelto y amenaza a todos y a todo lo que se le ponga por delante. Puesto que parece difícil, por las características de ambos y por Del Piero, que Ranieri les ponga juntos, es inevitablemente que a partir de hoy mismo empiece el duelo para conseguir un puesto en el 'once' titular. Amauri es fuerte, trabajador y potente. Trezeguet no ha perdido el viejo vicio de meter en la portería cada balón que se encuentre; Amauri hace más trabajo, Trezeguet es insuperable en el área. Decidir quien juega y quien ocupa el banquillo no es fácil, pero ¡bendito problema para Ranieri!, que siempre se ha visto obligado a poner lo único que tenía a disposición, sin poder elegir o variar. Pero Amauri es un tipo duro, que no le gusta dejar de jugar ni un minuto y Trezeguet tiene un carácter bastante susceptible y ya ha dicho que quiere jugar. Ranieri tendrá que estar acertado para controlar temperamentos y exigencias colectivas, asuntos personales y deberes del equipo. Pero está claro que el Trezeguet que todos conocemos no puede quedarse al margen en muchos partidos: tiene que ser aprovechado y disfrutado, sobre todo ahora que vuelven los partidos europeos, que ya ha dicho que son su mayor objetivo. Y el de todos nosotros.

Francia le ha dado la espalda: mientras esté Raymond Domenech, Trezegol, 31 años, perfecto para disputar el Mundial de Sudáfrica, pero no el de Brasil, no volverá a la selección bleu. La Juventus se ha convertido, aunque a la fuerza, su selección, el equipo por el que darlo todo y con el que espera conseguir muchos éxitos. Es uno de los supervivientes de la Serie B, de los que no quiso irse, y eso le ha hecho ganar muchos enteros tanto dentro del club como entre la afición. Que le ama, porque la gente sabe distinguir los mercenarios de los profesionales, los enamorados y dedicados de los oportunistas. "Sono tornato" puede ser el titular del mejor fichaje de invierno de toda Europa. Y una advertencia para los demás...

jueves, 5 de febrero de 2009

A semis y poco más


Hicieron falta doce penaltis para saber quien entre Juventus y Nápoles pasaba a las semifinales de la Coppa, porque noventa minutos reglamentarios y otros treinta suplementarios no fueron suficientes. Falló para el equipo partenopeo Gargano, uno de los mejores de la noche, tirando su penalti a las nubes de Turín cuando su equipo lo tenía todo de cara después de que la Juve fallase dos lanzamientos con Nedved primero y Sissoko después. Hubiese sido fatal para la Juve verse fuera de la competición después de las dos derrotas consecutivas en la Serie A. Así, con la victoria, le da un empujón a la crisis y aleja los fantasmas de un segundo polémico ridículo en esta temporada. El equipo de Ranieri sigue vive en las tres competiciones, aunque el partido de ayer no sirve para quitarse el mal sabor de boca que nos dejaron los dos anteriores contra Udinese y Cagliari. Por otra parte, parece que se ha invertido la tendencia y que ha vuelto a salir a la cancha el carácter del grupo, de los jóvenes y de los veteranos, gracias, seguro al buen trabajo de Ranieri. Una garantía para la Juventus, que siempre sabe qué hacer en el momento adecuado, así como Reja sabe seguro qué le ha faltado a su equipo para llevarse una victoria que estaba más a mano que nunca.

En un primer tiempo igual a nada, dos cosas nos hicieron salir un poco del sopor en que ambos equipos nos habían metido: la lesión de De Ceglie a los 20 minutos después de chocar con Gargano y el cambio táctico sobre la marcha de Ranieri, que, para paliar la inferioridad numérica en el centro del campo con el Nápoles, que jugó con su habitual 3-5-2 (aunque más defensivo que nunca), le dio un aire distinto al equipo al pasar a una defensa de tres cuando el equipo atacaba (Grygera, Mellberg y Legrottaglie), adelantando la posición de Molinaro al centro, exigiendo más trabajo a Marchionni y con Giovinco por detrás de los delanteros (aunque las exigencias del rival le hicieron intervenir principalmente por la banda). Nada más destacable. Absolutamente nada en un partido nefasto en su primera mitad por parte de ambos equipos. Ni siquiera apareció la calidad de los genios, de los más esperados, como si se hubiesen contagiado del mal momento que atraviesan sus respectivos equipos. No tuvimos espectáculo, ni goles, ni ocasiones, no vimos a los porteros. No tuvimos nada más que el tedio que acompañaba a cada uno que estuviese viendo el partido.

En el fando pasó lo que podíamos esperar, que este partido no nos dejase nada para el recuerdo. Para buscarle un mínimo sentido a lo que no lo tiene, para intentar despertar los estímulos, tanto Ranieri como Reja hicieron una mínima rotación, pero sin revoluciones. Suponemos, intentando sacar algo más de quien juega menos. Poulsen, Giovinco y Iaquinta fueron las apuestas novedosas de Ranieri, pero, sin embargo, sólo Sebas cumplió con el mínimo aceptable. Pagó el gran físico de los rivales (el Nápoles prácticamente jugaba con cinco defensas), pero también el desconcierto táctico: ayer empezó de Nedved y terminó en la posición en la que, parece, Ranieri no quiere a Diego. El Nápoles, por su parte, salió a reparar daños desde el principio con defensas en la posición de carrilero (Montervino, que hizo un penalti clamoroso que no pitó el árbitro, y Aronica) y buscando siempre la pelota peinada de Zalayeta a Lavezzi, en eterno fuera de juego. Las pérdidas de tiempo desde el primer minuto evidenciaron su plan: esperar hasta el final. Aunque una incursión del Pocho a los dos de la reanudación que paró Legrottaglie, reactivó el partido.

Al cuarto de hora del segundo tiempo, Trezeguet sutituyó a Iaquinta en un intento casi desesperado de Ranieri de crear algo vagamente peligroso cerca del marco de Navarro, espectador de lujo de lo que pasaba delante de él, aunque siempre a una debida distancia. El delantero francés, que debe ser el mejor fichaje de invierno de la Juventus, puso todo de su parte para integrarse rápidamente en sistema de juego y estuvo a punto de marcar en el 32', pero finalmente Contini despejó el balón a centímetros de la portería. También salió Nedved sustituyendo a Giovinco, en una llamada desesperada a la vieja guardia para resolver el partido. Sin embargo, como está siendo habitual últimamente, a la Juve se le acabaron las energías a un cuarto de hora del final y el Nápoles puso y dispuso para ganar el partido con tres oportunidades consecutivas: disparo de Gargano abortado por Mellberg, disparo de Zalayeta que se pegó en el lateral de la red y el centro raso de Hamsik que ni Bogliacino ni Zalayeta acertaron a rematar. La Juve no tuvo ninguna capacidad de respuesta, aunque, podemos decir que por casualidad, Trezeguet resucitó a la Juventus más Juventus que nunca al marcar un gol en el último minuto del añadido (94') que anuló el árbitro injustamente y que le hubiese dado a la Juve el pase sin la necesidad de alargar más las cosas.

Así llegamos a la prórroga, un suplicio y un sufrimiento continuo (aunque esta vez por los fallos arriba). Trezeguet tuvo otro gol, pero los reflejos del portero Navarro lo desbarataron. No los tuvo, sin embargo, el árbitro Ayroldi al anular la enésima obra de arte para rescatar al equipo de Del Piero, por un rebote del balón en el codo del capitán cuando este estaba de espaldas. EStaba escrito: este partido se tenía que alargar al máximo. Así fue también en los penaltis. No bastó la habitual tanda de diez lanzamientos. Tiraron muy mal y fallaron Nedved (increiblemente), Sissoko (más normal), Lavezzi y Contini. En la muerte subita marcó Legrottaglie y Gargano la mandó a las nubes.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Por la calidad pasa la solución


El pasado sábado, tras la derrota contra el Cagliari en Turín, Ranieri 'culpó' al parón navideño, que ha causado un bajón físico notable en el equipo. Una dura derrota que se vio un poco aliviada por el posterior empate del Inter. Pero aún así es una segunda derrota consecutiva que nos obliga a la reflexión, principalmente por cómo llegó la derrota: con la Juve ganando 2-1 y sin poder controlar el partido. El análisis del encuentro sale, aunque duela, algo cruel, más allá de los números, las estadísticas y los goles marcados y recibidos: un equipo corrió y luchó hasta el final, el otro no. Y culpar a la defensa de estar muy arriba y dejar espacios atrás en los goles es un absurdo tremendo. Porque hasta ahora, la capacidad de jugar arriba al fuera de juego ha sido la mejor virtud de este equipo. Y hace menos de dos semanas el equipo era mejor, ¿o no?

El problema no es díficil de encontrar, porque seguramente esté ramificado, pero hay uno que salta a la vista: falta calidad. Y eso influye, y mucho, en todos los demás aspectos. Ranieri ha hecho famoso el dar el 120% en cada partido, pero si ya es difícil dar el 100%... Apostar por la fuerza, un estilo de juego que ha caracterizado a lo largo de la historia a la Juve es una idea válida. Pero si las fuerzas empiezan a flaquear, ¿cual es el 'plan b'? Ninguno. No hay. Y no lo habrá hasta que físicamente el equipo esté a buen nivel otra vez. Falta una alternativa táctica, una pieza para poder cambiar el diseño del equipo y el rumbo del partido. El año pasado se utilizó alguna vez de inicio el tridente arriba. Ahora es un cambio a la desesperada para intentar reconducir el resultado.

Y aquí está el principal problema. Del Piero, juegue bien o mal, no puede ser sustituido: retrasa su posición, amplía el radio de acción, y juega de 'regista' detrás de los puntas (Iaquinta y Amauri contra el Cagliari). ¿Cual es el problema? Que a Alex nunca le gustó jugar en una posición retrasada por naturaleza y que la Juve no saca ningún beneficio, al contrario. Del Piero no puede ser el hombre de enlace, él es delantero, tiene que jugar cerca del área y hacer lo que hacen los delanteros: marcar goles. Como prueban sus 21 la pasada temporada o los 20 de hace dos en Serie B.

Con este panorama, queda claro que la Juve necesita una inyección de calidad. Una obligación de primer orden, ya que Camoranesi, que en principio iba aportar la calidad esta temporada, continuamente está lesionado. Así, se hace inevitable hablar ya del próximo mercado de fichajes, donde la directiva y el cuerpo técnico tendrán que ponerse de acuerdo y hacer las contrataciones (especialemente una) adecuadas. Ranieri preferiría seguir con su dogmático 4-4-2, pero las exigencias físicas y la imposibilidad de cumplir los objetivos marcados obligan a cambiar. Ya la temporada pasada, cuando Ranieri seguramente no sentía tanta presión, probó el rombo en el medio con Tiago en una posición más adelantada. Con el portugués fuera de juego por infinidad de razones, el fichaje del brasileño Diego se convierte en fundamental. Además, esta temporada ha desempeñado en el Werder Bremen los mismos papeles que podría hacer en la Juve: volcado a la banda y, sobre todo, siendo él el regista del equipo, al lado de Frings o Baumann y detrás de dos puntas.

Las negociaciones con el brasileño parece estar avanzadas desde hace tiempo (su representanto incluso estuvo en Turín). Con el Werder, aunque son algo más complicadas, no serán imposibles, ya que el crack de Ribeirao Preto termina contrato en dos temporadas y parece que el acuerdo se podría cerrar en torno a unos 25 millones de euros. O incluso se podría haber cerrado si no fuese por el debate que existe en el seno del club sobre la idoneidad de su fichaje. En verano todos veíamos a Xabi Alonso como la solución más adecuada. Todos menos Ranieri, que finalmente se decantó por Christian Poulsen. Ahora el vasco se ha convertido en el motor del Liverpool que puede ganar la Premier League. Una pena. Pero no es tiempo de lamentarse, sino de mirar al futuro. Ranieri, por la calidad pasa la solución.

domingo, 1 de febrero de 2009

La Juve se despedaza


La Juve culmina una semana para olvidar con dos derrotas y con los males sesgados gracias al prodigioso empate del Torino en San Siro que nos deja a 'sólo' siete puntos del Inter (cuatro más que el pasado domingo). Cuestión de físico, seguramente. Pero también de calidad, porque una poca, cuando fallan las fuerzas, nunca viene mal. Sin embargo, la Juve de Ranieri cuando pierde la solidez defensiva, lo pierde todo: la garra, el carácter, el juego, los goles... y los puntos. No siempre Del Piero puede esconder los problemas estructurales de un equipo absolutamente plano sin ni una sola nota distinta además de la de Alex. Vimos las diferencias y la inferioridad el miércoles con D'Agostino y ayer con Conti, Biondini, Cossù y Jeda. La derrota de ayer contra el Cagliari aleja (demasiado) el sueño del Scudetto, aunque realmente la afición de la Juventus no se encuentra en condiciones de pensar en ello. La convicción (de todos, club y afición) es lo que más falta ahora.

En la previa del partido hubo demasiadas distracciones (¿Amauri jugará con Brasil? ¿Qué pasará con Iaquinta, se irá al Zenit?), dejando en un segundo plano algo que tenía que ser el objetivo inexcusable de la Juventus: recuperar lo que se perdió con tanta indolencia en Udine. Como era previsible, Ranieri cambió algo con respecto al partido del miércoles, pero no bastó porque no hay recambios que verdaderamente cambien. En defensa, la vuelta de Chiellini desplazó a Mellberg a la derecha al pueto de Grygera, que le hacía falta una pausa para descansar y reflexionar después de tener que aguantar (y no poder) a Di Natale. Mientras, en el centro del campo, Ranieri optó por Zanetti en cambio de Marchisio para revivir la pareja que tan buenos resultados dio el año pasado y que sólo duró 20 minutos por la enésima recaída (que después le volverá a pasar a Chiellini y que deja en entredicho a los servicios médicos del club o las decisiones del entrenador en su defecto). Por lo demás, volvió Del Piero, como preveíamos, siguió Amauri, como preveíamos y jugó Nedved, todo el partido además, como nadie preveía.

La derrota de Udine quedaba ya atrás, pero también estaba bien presente, como pudimos comprobar rápidamente, en la cabeza de los jugadores. Porque los jugadores salieron con una mentalidad y unas intenciones en consonancia a la importancia del partido, pero la preocupación y la presión que causaban una clasificación imprevisiblemente complicada y afeada quedaba evidenciada con los tantos y tantos errores que cometió el equipo, siempre nervioso. La Juve no tenía la frescura ni las ideas del Cagliari de Allegri, que tuvo la clave del partido en su búsqueda continua, y el consiguiente encuentro, de espacios. Finalmente, en la enésima llegada del Cagliari (y siguieron muchas) llegó el primer gol de Biondini (minuto 17), con el centrocampista visitante que pillaba desprevenida a la defensa para batir a Buffon.

Para demostrar que el fútbol no es una ciencia exacta, sino un misterio indescifrable, los encargados de materializar la remontada fueron Sissoko y Nedved, posiblemente los peores del partido anterior. Los dos estuvieron muy activos en el ataque con acciones individuales (e inusuales en el caso del malí), siempre con la ayuda de un Amauri mucho más despierto que en partidos anteriores. Pareció así casi un milagro que Sissoko pudiese empatar en el minuto 31 rematando de cabeza un saque de esquina que sacó Del Piero para batir a Marchetti. Siete minutos después, Nedved completaba la remontada con un zurdazo, aprovechándose de un mal rechace de la defensa cagliaritana y el trabajo de Molinaro robando el balón en la línea de fondo. Así la Juve conseguía disimular las penurias de un mal inicio de partido, pero otras iban aflorando con el paso de los minutos, hasta llegar a la pérdida del rigor defensivo, hasta hoy el mejor distintivo, quizá el único, de esta Juve. Con el panorama de esta manera, el Cagliari consiguió empatar y después adelantarse con dos acciones idénticas, que dejaron en evidencia el sistema defensivo juventino. Sendas contras que dejaron a Jeda y después a Matri sólos ante Buffon, que nada pudo hacer. Y el partido acabó así, realmente no hubo nada más por parte de nadie (aunque poco hubo de la Juve en algún momento). Acabó y dejó paso a los muchos interrogantes que deja un partido así. ¿Por qué la Juve que tan bien jugaba en diciembre pega este bajón después de la pausa navideña como la temporada pasada? Y otro: Si Ranieri quiso a Poulsen en lugar de otros jugadores más técnicos, ¿por qué no lo utiliza aún estando recuperado? Encontrar las respuestas es obligatorio. La primera, para intentar luchar el título hasta el final; la segunda (y la necesidad de inyectar calidad a este equipo urgentemente), para el futuro.

miércoles, 28 de enero de 2009

Regla nº 1: no encajar goles


Los tres conceptos básicos del fútbol: 1) no encajar goles. 2) encajar, si es inevitable encajarlos, pocos. 3) después, y sólo después, preocuparse de marcarlos. Así funciona el fútbol en Italia. Los partidos se ganan así si, después, arriba, tienes paciencia y sabes esperar. En Italia, en la liga más difícil del mundo, es imposible intentar ser campeón sin una defensa sólida, compacta, resistente. Defender bien en Italia es obligado, primordial. Cualquier error en la retaguardia se paga muy caro. Porque las estadísticas hablan claro: el campeón del Scudetto suele tener el mejor ataque, pero tiene por obligación la mejor defensa.

En el ataque, la Juve es el tercer mejor equipo de Italia con 33 goles marcados, por detrás de Inter (34) y Milan (35). La defensa, sin embargo, sí que es la mejor de toda Italia, con 14 goles en contra en 20 partidos. Y todo ello con el valor añadido de la constante improvisación a la que se ha visto sometida a causa de lesiones o sanciones, obligando a Ranieri a usar nueve hombres distintos en la línea de atrás. Cambiar un 'once' siempre es una decisión que comporta sus riesgos, pero cambiar una defensa fiable es como pegarse un tiro en un pié. Pero, como tantas veces hemos repetido ya, la Juve ha hecho de la necesidad virtud. Grygera, Legrottaglie, Chiellini, Molinaro: esta era la línea defensiva que Ranieri había perfilado en verano y que disputó los primeros partidos oficiales en la previa de la Champions contra el Artmedia. Pero pronto se empezó a desmoronar y tuvo que ser recompuesta con la entrada continua de los teóricos suplentes como Mellberg, De Ceglie, Knezevic, Salihamidzic o Ariaudo. Pero el resultado siempre ha sido el mismo: la Juventus es el equipo que menos goles encaja y el que menos disparos de los rivales permite.

Y de entre todos, hay que destacar a uno: Nicola Legrottaglie, que está completando una temporada prodigiosa. Es el faro de la defensa, el líder que dicta cuando y cómo se tienen que hacer las cosas, se ofrece en ayudas constantes, transmitiendo seguridad y tranquilidad. Quien juega a su lado, además de brillar con luz propia, siempre ve reflejada algo de la de Legro. Cuando Chiellini, ahora una roca en la defensa, pasó de la banda al centro, tuvo en Legrottaglie un maestro que le ayudó a crecer y convertirse en el mejor defensa de la Serie A. También Mellberg ha disfrutado de su ayuda en la integración en el equipo y el último en llegar, el joven Ariaudo, ha visto como le ha salvado la papeleta en los momentos más comprometidos.

14 goles encajados y 148 tiros contra la portería, muchos menos que el resto de equipos italianos. Cifras que han permitido a Manninger y Buffon estar más tranquilos que el resto de los porteros de Italia, gracias a la labor incansable de la defensa, aunque también de la entrega y colaboración del resto del equipo, especialmente la línea de medios. Todos unidos por la misma causa: no encajar goles. Desde Molinaro, que supo aguantar los pitos de la grada y transformarlos en aplausos; a Grygera, que ha evolucionado muchísimo en estas dos temporadas, aportando mucho más a la ofensiva; desde Mellberg, perfecto en el lateral o en el centro de la defensa en un campo tan difícil como el Bernabéu; a De Ceglie, con su entrega máxima en cualquiera de las dos bandas, ya sea atrás o en el medio. Una defensa que, juegue quien juegue, tiene el trabajo bien aprendido y por todo lo expuesto anteriormente, existe una gran posibilidad de que, si el rendimiento continua igual, la Juventus acabe superando al Inter.

Agradecimientos y disculpas


En España es imposible ver el partido entre Udinese y Juventus en el Friuli ¿El motivo? Hace un año, la empresa con mayor poder audiovisual en España, Sogecable, decidió, en la mayor infamia de la historia de la televisión española, renunciar a la mitad de los derechos para retransmitir partidos de la Serie A. Así, con este negocio, Sogecable retuvo los derechos de diez equipos (los más importantes a priori) y la televisión pública, poseedora de tres canales para retransmitir fútbol, los otros diez. Hoy, Digital +, la empresa propiedad de Sogecable que hace uso de sus derechos, no ha podido emitir el Udinese - Juventus, ofreciendo el Catania - Internazionale, el Milan - Genoa y el Roma - Palermo. Por su parte, Tve ha preferido, primero, la repetición del West Bromwich Albion - Manchester United, que se jugó ayer en la Premier League y después el partido de la Euroliga de baloncesto entre Real Madrid y Barcelona en su canal 'Teledeporte' y la enésima reposición de la serie Smallville en 'la 2'. Total: imposible ver el partido en España. Gracias a Tve y a Sogecable por velar por los intereses de los usuarios y contribuyentes. Gracias. Y disculpas a los seguidores del blog.

domingo, 25 de enero de 2009

La Juve falla, sufre y gana


En el día en que se cumplían seis años de la muerto de dell’Avvocato, la Juve aprovechó para devolver las cosas a su lugar, aunque momentaneamente, y volver a comandar la clasificación de la Serie A. Decía Cobolli que esta Juve le hubiese gustado a Giovanni Agnelli: no hubiese sido su favorita, porque tiene menos calidad que tantas otras de 'sus' Juventus, pero hubiese sabido apreciar el carácter de este equipo. El liderato de la Serie A es temporáneo y probablemente termine esta noche, pero será el paso definitivo para que lo que podía ser un sueño o una mera hipótesis se transforme en realidad: la Juve luchará por el Scudetto hasta el final, sin ninguna duda.

Cierto, ahora hablamos en positivo por el gol de Marchisio, un golazo que lo cambió todo y que sirve para cambiar totalmente la lectura del partido, en el que lo único bueno de la Juventus fue su notoria capacidad para sufrir y aguantar. Además de la vuelta de Buffon a la Serie A, obviamente. Porque, por lo demás, vimos una Juve totalmente dependiente de Del Piero (muy molesto al ser sustituido por Giovinco, tiró el chaquetón al suelo, aunque después dijo que son cosas del partido y ahí quedó el tema), que dio un recital, muy plana, lenta y ampliamente favorecida por las decisiones arbitrales. Los errores de Saccani y de su asistente Copelli condicionaron el resultado: primero un error bastante grave al no ver un neto penalti de Mellberg sobre Jovetic, que le habría permitido a la Fiore adelantarse en el marcador a los diez minutos y después al anular un gol legal de Gilardino por señalar fuera de juego inexistente (aunque por milímetros), que hubiese significado el empate viola. Es la primera vez en esta temporada que los errores del árbitro favorecen a la Juve, por lo que no conviene que nadie intente revivir épocas felizmente olvidadas: los fallos arbitrales forman parte del juego. Unas veces te dan, otras te quitan. Y otra cosa muy distinta es que los errores siempre favorezcan al mismo equipo. Pero este no es el caso.

La Juve empezó realmente bien el partido: con la mirada continuamente sobre la portería de Frey y tocando el balón con velocidad. Prandelli, por su parte, y gracias a la ausencia de Mutu, rellenó su centro del campo con un único delantero, dos mediapuntas y tres centrocampistas para intentar hacer pagar a la Juve la falta de Sissoko, que restó presencia al centro. La incosistencia en la parcela central contagió un poco al resto del equipo: el bajón de rendimiento de Amauri es evidente, pero también comprensible, porque, aunque quizá no lo parezca, el brasileño está hecho de carne y hueso como el resto de los mortales; Zanetti tuvo que dejar todo lo demás para suplir al malí; Grygera no tuvo su partido (y van unos cuantos) y De Ceglie dejó claro que él prefiere jugar más adelantado: en defensa sufre. Pero cuando todo falla, la Juventus siempre tiene una solución: Alessandro Del Piero. Su inspiración bastó para llevarse los tres puntos: minuto 21, Grygera para Del Piero, la pisa Alex, ve a Marchisio avanzar, se espera y le puso un pase perfectamente medido para que Claudio marcase su primer gol como juventino. Justo después, estuvo a punto de llegar el 2-0: Nedved tenía el balón en el área pero su disparo fue demasiado flojo para ser un tiro a puerta y demasiado fuerte para esperar encontrar un remate. Después, en el último minuto del primer tiempo, otro pase mágico de Del Piero dejaba a Marchionni sólo ante Frey después de librarse de la marca de Kroldrup, pero el portero francés paró por dos veces un gol cantado por todos.

En la reanudación, Buffon también puso de su parte. Tras un inicio de partido algo dubitativo, donde faltó la comunicación con la defensa, la continua presión de la Fiore, que juntó sus líneas para desactivar el mecanismo de la Juve, hizo que Gigi tuviese que aparecer y decir a todos que ha vuelto de la misma manera que se fue: siendo el mejor portero del mundo. Para la Fiore se repetía el partido del pasado sábado contra el Milan: ataques, fallos, paradones del portero rival y errores del árbitro. Al final, la Juve pudo sentenciar a la contra: Nedved veía a Giovinco libre de marca, pero Seba no estuvo ágil, falló en el toque largo, le cogió Kroldrup y muy forzado no pudo rematar con comodidad. Fue a Ranieri a quien le entraron entonces ganas de tirar el chaquetón al suelo. Pero todo acabó con los tres puntos para la Juve, que queda líder en la clasificación. Por poco tiempo, seguramente sí, pero es bonito verla otra vez ahí.

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